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¡¡Aviso importante!!

Esta no es una oferta de empleo, tampoco es un boleto de una rifa millonaria; no es la fórmula para obtener el amor de una buena persona que te haga dichoso; ni la receta de una medicina que te garantice la eterna juventud. Sin embargo lo que aquí vas a leer es más importante que todo eso junto, más que salud, dinero y amor, porque trasciende lo temporal y te abre la puerta a las cosas eternas.

Quiero compartir contigo lo maravilloso que fue para mí encontrar este camino que transformó mi vida y despejó toda duda respecto a mi futuro; le dio sentido a mi existencia, la llenó de amor, le mostró una meta y le proveyó de recursos para sortear todos los obstáculos, hasta conseguir servir a mi prójimo como deseo hacerlo contigo. Ahora soy una persona plenamente realizada, sin frustraciones y con un futuro promisorio, en superación constante y con aspiraciones de excelencia; y todo eso y más está también a tu alcance, si tan sólo le dedicas unos minutos a meditar sobre lo que estoy a punto de compartirte.

¿Estás listo para seguir leyendo?

Tú eres un ser eterno, tienes un alma inmortal, en esta tierra estás de paso, donde todo es temporal y cambiante; pero es aquí donde se define dónde y cómo vas a pasar la eternidad.

Lo que decidas después de leer estas semillas de vida, será determinante para tu futuro, son fragmentos tomados de la carta de amor que Dios nos dejó para que le conozcamos y disfrutemos de sus bendiciones temporales en esta vida, y eternas para la porvenir. Esta carta de amor es la Santa Biblia, donde el amor de Dios se nos revela en una manera real y profunda, regalándonos el perdón divino y las más ricas bendiciones:

«Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Porque no envió Dios su Hijo al mundo para que condene al mundo, mas para que el mundo sea salvo por él.

El que en él cree, no es condenado; mas el que no cree, ya es condenado, porque no creyó en el nombre del unigénito Hijo de Dios.» (Sn. Juan 3:16-17)

«Y esta es la voluntad del que me envió, del Padre: Que todo lo que me diere, no pierda de ello, sino que lo resucite en el día postrero.

«Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo y cree en él, tenga vida eterna: y yo lo resucitaré en el día postrero.» (Sn Juan 6:39-40)

«Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen; y yo les doy vida eterna: y no perecerán para siempre, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, mayor que todos es: y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.» (Sn Juan 10:27-29)

«Jesús le dice: Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.» (Sn Juan 14:6)

Si te das cuenta, todos estos textos fueron tomados del evangelio de San Juan, y en ellos se nos asegura que si depositamos nuestra fe en Jesucristo el Hijo de Dios, nuestro destino de condenación es cambiado por la Salvación, que nos allega al Padre Dios y nos hace objetos de su amor.

Todos nosotros somos pecadores y sin excepción hemos ofendido a Dios, por lo cual estamos destituidos de su gloria (Romanos 3:23-24). Así que por buenas obras nadie puede salvarse, se requiere arrepentimiento y fe en el sacrificio redentor de Cristo (Romanos 6:23). Un día estarás ante su tribunal y tienes dos opciones: Presentarte solo y esperar que tus obras sean juzgadas para dictar tu sentencia de muerte; o bien, creer que Jesucristo ocupó tu lugar en la cruz del Calvario y pagó por tus pecados, logrando tu perdón, y entonces al ser juzgado, Dios te justifique, al poner los méritos de Cristo a tu favor, y entonces recibas entrada a la gloria eterna, donde podrás disfrutar de su amor y presencia en plenitud (Romanos 5:1-10).

Si tú te reconoces pecador y crees que Cristo Jesús ocupó tu lugar al morir en la cruz, si sientes el vacío de tu corazón y la vanidad de las cosas temporales, si deseas empezar una vida nueva, llena de amor y de paz, en la que no enfrentes solo tus problemas, sino recibas la gracia de Dios para ser un vencedor. Si sientes tu gran necesidad y crees que Cristo es la respuesta de Dios para tu redención, lo único que debes hacer ahora mismo es hablar con Dios y decírselo en forma sincera y sencilla. Él está contigo ahora, aunque no lo veas, Él es Espíritu y prometió escuchar a todos los que le invoquen de veras, para salvarlos; así que puedes simplemente cerrar tus ojos y decirle algo como esto:

«Dios eterno, sé bien que soy un pecador y que estoy bajo condenación, pero que tú enviaste a tu Hijo al mundo para salvarme. Creo que él murió en la cruz por mí, para poder perdonar mis pecados. Señor Jesús, abro mi corazón a ti, te invito a venir a mí y hacerte cargo de mi vida; te recibo en mi corazón como mi Salvador personal y deseo que seas mi Señor; perdona todos mis pecados y dame tu bendita paz sobrenatural; libérame de toda opresión del diablo, de toda amargura, ayúdame a conocerte y a disfrutar de las bendiciones que tienes para mí en la tierra y por la eternidad, y ayúdame a servirte compartiendo tu amor con los demás. Todo te lo pido, buen Dios y Padre mío, en el nombre de tu amado Hijo Jesucristo, mi Señor y Salvador. Amén.»

Si ya has orado, la Biblia dice que ya eres hijo de Dios y tienes vida eterna (Romanos 10:8-11Sn Juan 1:11-13), que tu nombre está escrito en el libro de La Vida y que a partir de hoy puedes disfrutar de los privilegios que te otorga esta posición, por lo cual te recomendaré tres cosas más:

  1. Que leas la Biblia todos los días, como te dije, es una carta de amor de nuestro Padre Celestial, y en ella se nos dan principios de sabiduría para caminar seguros en esta tierra y para poseer la herencia eterna reservada para cada creyente. En ella también está la provisión mediante sus promesas. Confirma las citas referidas aquí.
  2. Ora todos los días. Orar es hablar con Dios con tus propias palabras, como lo harías con tu padre terrenal o con un amigo. Pídele que te perdone tus fallas y que te ayude a hacer lo que le agrada. Exponle tus necesidades y pídele que las supla conforme a sus promesas.
  3. Congrégate, busca relacionarte con otros verdaderos cristianos que amen a Dios y asiste a sus reuniones, pues de esa manera serás ayudado cuando lo requieras, y también podrás ayudar a otros creyentes que se acerquen a Dios después de ti.

Tu hermano y amigo Ricardo Vivas A.

Si lo deseas, nos puedes contactar a .los teléfonos (55) 5780-6850, (55) 5300 1305, (55) 5307 9160, (55) 5539 5121.

O bien puedes asistir a nuestras reuniones en: Salón Jardín Tamoy, en calle Comunidad, esquina con calle Dolores Herrera s/n, colonia San Mateo Nopala, Naucalpan, Estado de Mexico.

Días: martes y viernes a las 7 PM, o a las direcciones de cultos de casa que te quede más cerca ¡Te esperamos!