Dentro de las siete verdades del comienzo, en el Nuevo Testamento, la doctrina de bautismos es la cuarta doctrina que un creyente debe conocer y sobre todo practicar. Es importante aclarar que esta doctrina no contradice lo que el apóstol Pablo dice cuando habla de la unidad (Ef. 4:4-6), porque nos habla de un Espíritu, de un Señor y de un Dios y Padre de todos, es decir, enseña sobre la unidad de un Dios trino, que nos dio un bautismo, que debe corresponder a su vez, al hombre creado a su imagen como un ser también trino, con espíritu, alma y cuerpo (1 Ts. 5:23).
Un bautismo para todo nuestro ser, doctrinal y prácticamente hablando son tres bautismos, uno para cada área, que el creyente debe experimentar para estar pleno en su vida cristiana. La palabra bautismo se deriva del griego ‘bapto’, que significa sumergir o introducir totalmente una cosa en otra. En latín es‘Baptizare’.
Para que se pueda realizar un bautismose requiere de tres cosas: de alguien que sea sumergido, el bautizado; de alguien que lo sumerja, el bautizador, y que haya un elemento bautismal en qué ser sumergido. Es importante además identificar dos aspectos más: el propósito del bautismo y el signo o señal que pruebe que la persona ha sido bautizada. Distinguir estos cinco aspectos, nos permitirá identificar y diferenciar cada uno de los tres bautismos que el creyente debe experimentar.
I. Bautismo para el espíritu.- La Biblia enseña que el hombre estaba muerto en sus delitos y pecados (Ef. 2:1, 5), es decir, separado de Dios tal y como Él lo había sentenciado si el hombre comía del árbol de la ciencia del bien y del mal, desobedeciéndolo (Gn. 2:16-17). Esta muerte no fue física, ni mental, fue espiritual, pues su comunión con Dios se rompió, requiriendo de Salvación para recibir nueva vida espiritual, mediante la regeneración de su espíritu (1 P. 1:3). Esta regeneración es también llamada nuevo nacimiento (1 P. 1:23, Jn. 3:3, 6-7). ¿Cuándo sucede este evento? Cuando recibimos a Cristo como nuestro Salvador y viene a nuestro espíritu y se hace uno con Él (1 Co. 6:17). Doctrinalmente hablando, nuestro espíritu es bautizado o sumergido en Cristo, en el Espíritu de Cristo, lo que nos convierte en hijos de Dios. Esto lo realiza el Espíritu Santo, cuando nos convence de pecado, de justicia y de juicio, y arrepentidos le recibimos en nuestro corazón (espíritu)(Jn. 1:12-13, 1 Co. 12:12-13) “…por un Espíritu somos todos bautizados en un cuerpo …” este cuerpo es el de Cristo, la Iglesia, lo cual nos reviste de Él(Gá. 3:27). La expresión “… somos bautizados en Cristo …” denota que fuimos introducidos en Cristo mismo. La palabra ‘en’ en griego es ‘eis’ y significa ‘dentro de’; por tanto, es válido traducir “… somos bautizados dentro de Cristo…”(Ro. 6:3). Este bautismo es de Salvación. Podemos entender que el Espíritu Santo toma nuestro espíritu humano y lo introduce en el cuerpo de Cristo. En resumen en este bautismo, el Bautizador es el Espíritu Santo, el Bautizadoes el espíritu del creyente y el elemento bautismal es Cristo. El propósito del bautismo es Salvación, regeneración de nuestro espíritu, o nuevo nacimiento espiritual, también llamado justificación, y la señal de que hemos sido bautizados en Cristo es que al ser perdonados recibimos la paz de Dios (Ro. 5:1).
Cuando el espíritu del creyente ha sido bautizado en Cristo, ha sido regenerado, al hacerse uno con el Señor, es de inmediato hecho perfecto (He. 10:14, 12:13), y es por eso que cómo Él es, así somos nosotros en este mundo (1 Jn. 4:17). Es en nuestro espíritu perfecto, que al volver a vivir espiritualmente, estamos sentados con Cristo en los cielos (Ef. 2:5-6). En nuestro espíritu perfecto tenemos dominio, es en esa parte de nuestro ser que no podemos pecar, tan sólo porque nacimos de Dios espiritualmente y como sus hijos tenemos su naturaleza divina (1 Jn. 3:9). Este bautismo de Salvación nos imparte vida eterna, porque al tener en nuestro espíritu al Espíritu de Cristo, tenemos vida eterna (Ro. 8:9, 1 Jn. 5:11-13).
II. Bautismo para el alma.-Al ser salvos, cuando recibimos a Cristo y fuimos bautizados en Él por el Espíritu Santo, fuimos hechos nuevas criaturas (1 Co. 5:17). Fuimos libertados del pecado y hechos siervos de justicia (Ro. 6:18), de modo que no sólo Cristo es nuestro Salvador, sino también nuestro Señor, a quien debemos agradar en todo. Lo anterior nos pone en un dilema, pues ahora sentimos el amor de Dios y su perdón y queremos hacer siempre su voluntad, pero la realidad es que no lo logramos Mateo 3:11e; Marcos 1:8b; Lucas 3:16e; Juan 1:33d; Lucas 24:49; Hechos 1:4 y 8; 2:4. La experiencia de Pentecostés es hablar nuevas lenguas. Esta es la señal de haber sido bautizados en el Espíritu Santo (Marcos 16:17 “… y estas señales seguirán a los que creyeren: En mi nombre … hablarán nuevas lenguas …”).
Existen muchos beneficios de hablar lenguas: Es un acto de obediencia; es un testimonio a Dios, a Cristo y al mundo; desata el poder de Dios; constituye la forma de adoración más eficaz; a través de las lenguas, hacemos la más perfecta oración e intercesión; las lenguas sirven para nuestra edificación; podemos bendecir y hacer acciones de gracias y servir a Dios; ministran reposo al alma. No es un capricho obligar a la gente para que hable lenguas; es la posibilidad de experimentar una cauda de beneficios que Dios nos otorga por el bautismo en el Espíritu Santo.
Dentro del esquema de la doctrina de espíritu, alma y cuerpo, en este bautizo es el alma la que tiene la experiencia. De esta manera, el sujeto Bautizador es Cristo, quien toma nuestra alma (sujeto Bautizado) y la introduce en el raudal del Espíritu Santo, el cual es la sustancia o elemento bautismal. De esta manera salimos hablando lenguas.
III. Bautismo en agua.- Mateo 3:11a; Marcos 1:4 y 8a; Lucas 3:16a; Juan 1:26a; 4:2; Hechos 8:36-38 Éste es un acto de obediencia y de testimonio a Dios de seguir a Cristo. También se considera un testimonio de dar la espalda al mundo. Mateo 3:16 En un acto de obediencia, Cristo se bautizó en agua, para cumplir así toda justicia. En este caso, es el cuerpo el cual se bautiza o se moja. El sujeto Bautizador es el ministro de Dios; el sujeto Bautizado es el creyente, en su cuerpo físico; y el elemento bautismal es el agua. En el primer bautizo, salimos salvos, gozosos o llorando; en el segundo bautizo salimos hablando lenguas; y en el tercer bautizo salimos mojados.
¿Cómo es la fórmula del Bautismo en Agua? De acuerdo con Mateo 28:19 la fórmula del Bautizo en Agua es “… en el Nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo.”Hay quienes bautizan sólo en el Nombre de Jesús, pero no es la manera que el Señor dejó como acto solemne.
¿Qué tipifica el agua? El Bautismo en Agua es un acto de obediencia; el agua no limpia pecados. Pero el Bautismo en Agua es una figura de muerte, sepultura y resurrección. Nosotros testificamos que morimos al mundo y a la carne, somos sepultados y volvimos a nacer. Esto es una alegoría, ya que en la realidad, nosotros morimos con Cristo, y fuimos sepultados en Su muerte, y resucitamos en Su resurrección.
Hay quienes bautizan y rebautizan para perdón de pecados, pero el agua no limpia pecados. Lo que nos limpia de pecado es la Sangre de Jesús.
¿Por qué bajar al agua? Para cumplir un mandamiento santo del Señor. El Bautismo en Agua es un acto de obediencia al Señor Jesús.
¿Qué significa el Bautismo en Agua? Además de tipificar la muerte, sepultura y resurrección, el bautismo en agua es figura de darle la espalda al mundo y al diablo. Es un testimonio a la Iglesia, al diablo y al mundo de que hemos decidido seguir a Cristo y no volver atrás.
EL BAUTISMO EN AGUA
(Inicio del discipulado)
Por Ricardo Vivas Arroyo
LOS DISCÍPULOS MUESTRAN SU DESEO DE SERLO BAUTIZÁNDOSE EN AGUA.
Jn. 4:1-2 De manera que como Jesús entendió que los Fariseos habían oído que Jesús hacía y bautizaba más discípulos que Juan, (Aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos).
Mt. 28:19-20 Por tanto, id, y doctrinad á todos los Gentiles, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo: Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado: y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.
Es importante tomar conciencia de lo que implica ser discípulo para disfrutar el bautismo en agua y recibir la parte de la salvación diaria que Dios tiene para los que le siguen:
1.- EL DISCÍPULO ENTIENDE LA PALABRA DE DIOS
Mr. 4:33-34 Y con muchas tales parábolas les hablaba la palabra, conforme á lo que podían oír. Y sin parábola no les hablaba; mas á sus discípulos en particular declaraba todo.
2.- UN DISCÍPULO MUESTRA A CRISTO CON SU VIDA
Jn. 13:35 En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.
3.- UN DISCÍPULO OBEDECE A SU SEÑOR EN TODO
Mt. 11:1, 6 Y Fue, que acabando Jesús de dar mandamientos á sus doce discípulos, se fue de allí á enseñar y á predicar en las ciudades de ellos… Y los discípulos fueron, é hicieron como Jesús les mandó;
4.- EL DISCÍPULO NO SE APEGA A LO TERRENO
Lc. 14:33 Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncia á todas las cosas que posee, no puede ser mi discípulo.
5.- UN DISCÍPULO IMITA A SU MAESTRO
Mt 10:24-25 El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor. Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al padre de la familia llamaron Beelzebub, ¿cuánto más á los de su casa?
6.- UN DISCÍPULO DA EL PRIMADO A CRISTO
Mt 16:24-25 Entonces Jesús dijo á sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese á sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque cualquiera que quisiere salvar su vida, la perderá, y cualquiera que perdiere su vida por causa de mí, la hallará.
Lc 14:25-27 Y muchas gentes iban con él; y volviéndose les dijo: Si alguno viene á mí, y no aborrece á su padre, y madre, y mujer, é hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su vida, no puede ser mi discípulo. Y cualquiera que no trae su cruz, y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.
7.- UN DISCÍPULO FRUCTIFICA
Jn. 15:8 En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.
FE EN DIOS es la tercera de las siete doctrinas básicas listadas en Hebreos 6:1-2, que como parte de los rudimentos del Evangelio, son la base o “doctrinas leche” que preceden a las doctrinas “vianda sólida” que Pablo trata en sus epístolas, que nos pueden llevar adelante hacia la perfección que Dios planeó para la Iglesia y cada creyente.
ETIMOLOGÍA
En hebreo existen dos palabras que se traducen en el Antiguo Testamento como fe:
`âman (he): Aceptación racional de que el testimonio que alguien da es verdadero (En qué creer). Esta palabra también se aplica a fidelidad (Hab. 2:4, Gn. 15:6, Pr. 13:17, 11:13, Sal. 19:7).
Châsâh (he): Confianza o certeza de que alguien es veraz (En quién creer). (2 Sm. 22:3, Sal. 18:2, 31:19, 57:1).
En griego también existen dos palabras que se traducen como fe, que corresponden en significado a las
palabras hebreas:
Êlpis (gr): Seguridad de que se disfrutará lo creído antes de verlo (En qué creer). (He. 10:23, Ro.15:4). (La mayoría de las veces se traduce como esperanza).
Pistis (gr): Convicción moral, confianza plena, estar persuadido de que alguien es veraz (En quién creer). (Mt. 15:28, Mr. 11:22, Ro. 1:5, He. 6:12, 1 Ti. 6:12, 1 Co. 2:5).
Es importante también identificar en manera conceptual, que hay tres niveles de fe que operan en el ser humano, es posible que se confundan y que alguien crea que lo importante es tener fe, no importa de que tipo. El hombre está formado por espíritu, alma y cuerpo (1 Ts. 5:23), y como creyentes que hemos renacido espiritualmente, debemos evitar el movernos en el ámbito natural dependiendo sólo del alma y sus capacidades, para movernos en el espíritu, donde opera la nueva criatura (Jn. 3:6-8):
Fe espiritual: Es aquella que el hombre no puede generar por sí mismo, porque viene de Dios y le es dada en su espíritu para relacionarse con Él, es viva y libera el poder de Dios. Por lo tanto sólo opera en quien ha renacido espiritualmente (Ef. 2:8, 4:5, 2 Co. 5:7).
Fe mental: De acuerdo a la definición de fe, como la aceptación racional de que algo o alguien es veraz, todos tenemos esta clase de fe. Es la fe natural necesaria para la vida natural, está basada en la lógica y se apoya en los sentidos naturales; es por ella que todos inician cosas nuevas, corren riesgos y enfrentan dificultades cada día, aunque es precisamente por ello que a veces sufre decepción (Sal. 31:6, Jon.2:8, Jr. 13:10). Como un ejemplo, puedo mencionar que muchas personas se suben a un avión, porque los han visto volar, aunque no saben el principio que los sostiene en el aire, ejercen su fe natural. Esta fe nos hace confiar en personas a quienes llamamos amigos, aunque a veces puedan defraudar nuestra confianza. Muchos cristianos pueden estar operando en este nivel pretendiendo con ello obtener cosas espirituales, y es por eso que se sienten defraudados o declaran que su fe no les alcanza.
Fe supersticiosa. Es aquella que está basada en lo desconocido, ignorante, mágica y diabólica, que generalmente se apoya en cosas visibles y tangibles como amuletos, fetiches o ídolos. Esta fe se abre a la hechicería y pone a la gente bajo servidumbre, llena de temores, opresiones y hasta posesión por espíritus inmundos (Lv. 26:1, Sal. 97:7, 115:4-8). Por ejemplo, hay cristianos que ignorando la fe espiritual y los principios de la Palabra de Dios, tienden a depender de los símbolos de cosas espirituales, atribuyendo poder al agua del bautismo, al aceite para ungir a los enfermos, o al pan y al vino de la Cena del Señor. Hay quienes explotan esta tendencia del hombre a depositar su confianza en objetos materiales, que ofrecen orar por un vaso de agua para que al tomarla el enfermo sane, te venden una rosa sagrada para buenas vibras en casa, o presentan un manto sagrado que se llevó al monte Sinaí para recibir su poder milagroso. Es por la misma razón que algunos utilizan patas de conejo, escapularios, dientes de tigre, pirámides, medallas o estampas, que utilizan como “amuletos poderosos”, que no hacen otra cosa que cebar a los crédulos y atraparlos en las redes de los engaños de Satanás.
LA FE ESPIRITUAL
Es divina y nos es dada por Dios para movernos con seguridad en el ámbito espiritual, cuando nuestro espíritu ha sido regenerado mediante el nuevo nacimiento. Conociendo la estructura de las siete relaciones básicas, podemos tener mayor compresión de sus propósitos.
1.- Nos fue dada por Dios mediante el mensaje del Evangelio (Jn. 20:31, Ro. 10:14-17, 1 Ts. 2:13, 1 Co. 3:5). POR Y PARA UNA CORRECTA RELACIÓN CON LA PALABRA DE DIOS. 2.- Nos fue dada por Dios para Salvación (Ef. 2:8-9, Hch. 14:27, 1 Jn. 5:4-5). PARA UNA CORRECTA RELACIÓN CON EL MUNDO (separación y testimonio). 3.- Nos fue dada por Dios para poder obedecerle (Ro. 5:1, He. 11:8). PARA UNA CORRECTA RELACIÓN CON LA AUTORIDAD. 4.- Nos fue dada para garantizar la victoria en todas las pruebas y dificultades que hay que atravesar para crecer espiritualmente (Jd. 3, Fil. 1:28-30). PARA UNA CORRECTA RELACIÓN CON LOS TRATOS
PERSONALES DE DIOS. 5.- Nos fue dada mediante la resurrección de Cristo y para liberar el poder de la resurrección (Hch. 17:31,Hch. 3:15-16, He. 12:2, 2 Co. 1:9-10). PARA UNA CORRECTA RELACIÓN CON EL PLAN DE DIOS. 6.- Nos fue dada para agradar a Dios (He. 11:6, Ro. 14: 22-23, Mr. 11:22-24). PARA UNA CORRECTA RELACIÓN CON DIOS MISMO. 7.- Es auténticamente la fe que operó en Cristo, su fe operando ahora en el creyente (Ro. 3:22, 26, Ef. 3:12, 6:23, Stg. 2:1. Estas citas se entienden mejor en la V1909). PARA UNA CORRECTA RELACIÓN CON LA GLORIA DE DIOS.
EFECTOS DE LA FE EN EL ALMA
Siendo el hombre un ser trino, con espíritu, alma y cuerpo (Is. 57:16, 1 Ts. 5:23), y siendo el alma el centro de su personalidad, con mente, sentimientos y voluntad (Pr. 23:7, Sal. 38:9, Gn. 34:3, Ex. 4:14, 1 Cr. 29:9). Es la parte de nuestro ser susceptible de ser transformada a la semejanza de Cristo (Ro. 8:29), por lo tanto la fe de Dios es un canal que desde nuestro espíritu influirá en ella para madurarla o volverla menos carnal y más espiritual.
Afecta la mente. Nos fue dada para entender las verdades espirituales que son locura a la mente natural (1 Co. 2:14, He. 11:3). La sabiduría de Dios se recibe por la fe en su Palabra (2 Ti. 3:15, 2 Co. 3:14-16, 2 Co. 4:3-6, 13). La fe nos permite entender las verdades espirituales, lo espiritual se vuelve lo más lógico, se vuelve obvio para el creyente, porque mediante la fe es que tenemos la mente de Cristo (1 Co. 2:14-16). Nuestra inteligencia se vuelve espiritual a medida que va comprendiendo las verdades espirituales
(Col. 1:9-11).
Afecta las emociones. La fe abre el corazón y cambia la actitud, llenándolo de gozo y de una perfecta paz (Ro. 15:13, Hch. 8:5-8, 16:14-15, 34, 1 P. 1:8). Es por eso que el lenguaje de la fe es la alabanza que nace del corazón que confía plenamente en Dios y lo expresa emotivamente (Sal. 106:12, Sal. 98:4-6, Sal 126).
Afecta la voluntad. La gente se convierte cuando verdaderamente cree, es decir, decide volverse al camino de Dios abandonando sus veredas torcidas, obedece a la fe (Hch. 6:7, 8:35-39, 11:20-21, Jn. 17:17, Stg. 2:17-24).
LA FE VERDADERA DEPENDE SÓLO DE DIOS
Es perder la confianza en uno mismo para ponerla sólo en Dios. Siempre se da el conflicto entre nuestra capacidad y la gracia, pero es muy claro en el Nuevo Testamento que por nuestras obras buenas no podemos conseguir nada de Dios, y que sólo mediante la fe se puede liberar la gracia de Dios (Ro. 4:16,10:3-4, Gá. 2:16, 3:22-26, Hch. 13:38-39). Ese es el valor de negarse a uno mismo y tomar nuestra cruz para poder seguirle en fe.
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DIMENSIONES DE LA FE
Así como el amor tiene cuatro dimensiones: Ancho, largo, profundo y alto (Ef. 3:18-19), la fe también tiene cuatro dimensiones para extenderse hasta la plenitud que Dios tiene para cada creyente. Es importante distinguir en la Biblia estas diferentes clases de fe, para fluir con libertad en el reino espiritual y así cumplir los propósitos de Dios.
RELACIÓN DE LA FE CON EL AMOR
Las cuatro dimensiones del amor nos permiten ser llenos de la plenitud de Dios, y es importante comprender lo que significan:
LA ANCHURA DEL AMOR DE DIOS se refiere a extenderse hacia los lados, abarcándolo todo, tiene que ver con mostrar el amor de Dios al mundo para que más y más los hombres vengan a la Salvación, hasta que todos los ordenados para vida eterna disfruten de ese amor que perdona y restaura (Hch. 2:47, 13:48).
LA LONGURA DEL AMOR DE DIOS tiene que ver con el recorrer todo el camino hasta alcanzar la meta, tiene que ver con la fidelidad, con la perseverancia que va a llevar al creyente de la mano, desde la niñez hasta la madurez, disfrutando del amor del Padre y poseyendo lo que el Padre le ha dejado a medida que avanza (He. 10:35-39).
LA PROFUNDIDAD DEL AMOR DE DIOS tiene que ver con los detalles, con las cosas profundas de Dios que nos son reveladas por el Espíritu para que el amor se haga parte de cada hijo de Dios y se parezca cada vez más al modelo perfecto que es Cristo en nuestro espíritu (1 Co. 2:9-10, 2 Co. 3:18, Ro.8:29).
LA ALTURA DEL AMOR DE DIOS tiene que ver con el futuro glorioso que nos espera, que disfrutarán todos aquellos que aman su venida y por lo tanto tienen la mira en las cosas de arriba y no en las de la tierra (2 Ti. 4:8, Col. 3:1-4).
Entendiendo estas cuatro dimensiones espirituales, veremos que cada clase de fe va a desarrollarse hacia Dios y en Cristo (Mr. 11:22, Jn. 14:1), obrando la fe por el amor en esas cuatro direcciones (Gá. 5:6).
FE CREATIVA. Esta clase de fe es un don del Espíritu Santo que nos fue dada para entrar a la Salvación (Ef. 2:8). Todos requerimos de este don para venir a Cristo y nos fue dado mediante el oír la Palabra del evangelio de Dios (Ro. 10:17, Gá. 3:2, 5).
Pero además el Espíritu Santo da una medida de fe diferente a cada uno de los hijos de Dios, como herramienta específica para cumplir su llamado particular (Ro. 12:3, 6). Es decir, hay un don de fe, dentro de los nueve dones del Espíritu Santo, que Él reparte entre los miembros de una iglesia local como cuerpo de Cristo (1 Co. 12:9), y que cumple propósitos específicos de ejercer autoridad espiritual dentro de su voluntad creativa (Hch. 3:16, 4:10, 8:6-8, 14:9-10, 19:11-12). Esta clase de fe nos es dada para extendernos a lo ancho del amor de Dios, ganando almas para Cristo, para que sean ganados todos aquellos que han de ser salvos.
FE DOCTRINAL. Esta es la fe fundamento, que junto con la esperanza y el amor, nos establece en Cristo Jesús (1 Co. 13:13). Se desarrolla mediante el conocimiento y la aplicación de la Palabra de Dios (Jn. 17:20, Hch. 6:7, 24:14, Mr. 1:15, Fil. 1:27, Col. 2:7, 1 Ts. 2:13).
Es también la fe escudo, que con los principios de su Palabra, permite apagar los dardos de fuego del maligno, que son pensamientos naturales y egocéntricos que buscan su propio confort y no aceptan tener que enfrentar dificultades (Ef. 6:16). El Señor Jesús venció toda tentación del diablo con aplicar en su propia vida los principios de la Palabra de Dios (Mt. 4:3-11). Por ejemplo, cuando respondió al diablo que estaba escrito que no tentaría al Señor su Dios, no se refería a que el diablo no lo tentara, sino a que él no
accedería a las sugerencias del diablo, precisamente porque sería poner a prueba a Dios.
La longura del amor de Dios requiere de perseverancia, es el camino de fe que se camina paso a paso en el que se va avanzando en la medida que se heredan las promesas de Dios y se obtiene la gran remuneración de galardón que requiere de paciencia y confianza para hacer la voluntad de Dios y obtener la promesa (He. 6:12, 10:35-39).
FE PERSEVERANTE. Es la fe fruto del Espíritu, la que denota madurez de carácter (Gá. 5:22, Fil.1:29). Esta fe se forma mientras se sufre en las pruebas y obra la madurez espiritual del creyente, que le permite a Cristo vivir en él, como con Job, con José, con David, con Pablo y demás hombres de Dios (Gá.2:20).
Confesar es decir lo mismo que Dios dice, aunque todo lo demás lo contradiga, y mantenerse firme sin fluctuar, porque fiel es el que prometió (He. 10:22-23). Mientras que la fe doctrinal nos relaciona con la Palabra de Dios como un conocimiento espiritual verdadero, la fe perseverante, nos relaciona con Dios y sus propósitos específicos para cada creyente, madurándolo para hacerlo cada vez más como Cristo, porque Él es fiel (1 P. 1:6-9, Ro. 8:28-30).
La profundidad del amor de Dios es esa madurez en la que Cristo ya vive a través del creyente y su carácter se manifiesta en él y el fruto como manifestación de su naturaleza lo lleva a ser un canal limpio donde puede su gracia fluir libremente. Es la vida en el Espíritu, el andar en el Espíritu y servir en el Espíritu a Dios.
FE CONSCIENTE DE DIOS. Es la fe sentido del espíritu regenerado, que viene con el nuevo nacimiento, es la vista espiritual que ve las cosas como Dios la ve, las espirituales por sobre las naturales, las celestiales, las eternas por sobre las temporales (2 Co. 4:18, 5:6-9, He. 11:1, 13-16, Col. 3:1-4).
Dios desarrolla este sentido del espíritu para que nos movamos hacia la cita, al encuentro de Cristo que viene pronto, mirando las cosas eternas por sobre las naturales, para no atar nuestro corazón a la tierra sino mantener viva la fe que Él espera encontrar a su retorno (Lc. 18:8).
Cuatro clases de fe para extendernos en el amor en estas cuatro direcciones y cumplir así los cuatro propósitos que nos lleven a disfrutar toda la plenitud de Dios.
Estas cuatro clases de fe nos permitirán a su vez experimentar las cuatro glorias de Dios, al caminar en las cuatro voluntades de Dios, para disfrutar de las cuatro gracias de Dios, es decir, de Cristo en plenitud, extendiendo las cuatro fronteras, de lo que Dios hace, lo que Dios tiene, lo que Dios es en el creyente y de lo que Dios es con el creyente, como dice Ro. 11:36:
Rom 11:36 Porque de él, y por él, y en él, son todas las cosas. A él sea gloria por siglos. Amén.
Todo lo que es por Él, se refiere a lo que Él hace, a sus obras maravillosas que nosotros también podremos hacer en su Nombre, si tan sólo obedecemos su encomienda de compartir el evangelio con todos (Jn. 14:12-14, Mr. 16:16-18). Para ejercer la fe creativa nos fue dado el Nombre de Jesucristo, para disfrutar de lo que Él hace por medio del creyente que comparte el evangelio (Mr. 16:17-18).
Lo que es de Él, es decir, todo lo que Él tiene, es puesto a nuestro alcance por medio de la fe en su Palabra, de modo que transitemos por el camino de la fe, donde la justicia de Dios se va descubriendo a cada paso y se va heredando (Ro. 1:17, Gá. 3:29). La fe doctrinal es la que hereda lo que Dios tiene para su pueblo, obrando junto con la paciencia hasta ver cumplidas las promesas de Dios (He. 6:12, 2 Co. 4:13, Ro. 4:20-21).
En Él son todas las cosas, se refiere a lo que Él es en nosotros y nosotros en Él, cuando le rendimos nuestra voluntad y le permitimos vivir y manifestarse en nosotros, en la fe del Hijo de 6 Dios (2 Co. 1:19, Col. 2:6, 10, 1 Jn. 2:6). La fe perseverante es la fe que se sostiene bajo presión, la fidelidad que no se desanima, porque permite al mismo Señor Jesús mostrar lo que Él es en nosotros (2 Co. 4:13, Sal. 116:10).
A Él sea la gloria, nos habla de resultados que muestran su gloria y convergen en Él, que se refiere a su persona y a estar en su presencia, es decir, disfrutar de lo que Él es con nosotros desde ahora en una fe consciente de Dios, y cuando Él venga (1 P. 1:13, Col. 3:4, 1 Ti. 6:12).
LA FE CREATIVA opera en la voluntad creativa de Dios, la que nos permite experimentar la gloria de su Nombre, en especial cuando evangelizamos. El don de fe nos permite ejercer la autoridad que libera a los oprimidos del diablo al expulsar a los demonios en su Nombre (Mr. 16:17); también nos permite ejercer dominio sobre las cosas, aún inanimadas, como un monte, o el viento o una higuera (Mt. 21:21, Mr. 4:39); o caminar sobre el agua, o viajar en el espíritu (Mr. 6:46-50, Mt. 4:1, Hch. 8:39). Mediante la fe creativa puedes disfrutar de todo lo que Dios hace.
LA FE DOCTRINAL pone en acción la voluntad justa o moral de Dios, permitiéndonos experimentar la gloria de su Palabra, en la medida que heredamos sus promesas y comprobamos que sus principios funcionan, cuando los obedecemos, los aplicamos y esperamos su cumplimiento fiel. En qué creemos se hace carne, se hace parte de nuestra nueva naturaleza (Stg. 1:21-23, 2 Co. 3:3, Lc. 11:28). Mediante la fe doctrinal poseerás todo lo que Dios tiene.
LA FE PERSEVERANTE nos permite conocer la voluntad específica de Dios para cada uno. Tu llamado personal, el equipo específico para que entres en él; tus tratos personales, son la manifestación de su voluntad específica para ti y te llevará a experimentar la gloria de su vida, es decir, ésta fe te permitirá que Él viva y se manifieste a través de ti (Gá. 2:20, 2 Co. 4:10-11, Col. 1:29). Mediante la fe perseverante podrás disfrutar de todo lo que Dios es en ti.
LA FE CONSCIENTE DE DIOS nos relaciona con la voluntad final de Dios, es decir, con el pleno cumplimiento de lo que Él se propuso desde el principio. Esta vista espiritual nos permite caminar en la gloria de su presencia, como el pueblo de Israel en el desierto caminaba bajo la nube. Andar en el Espíritu es más que sólo vivir en el espíritu, es estar consciente en todo momento que Dios está contigo, impuesto en todos tus caminos (Mt. 28:20, Gá. 5:25, Sal. 44:3, Sal. 89:15, Sal. 139:3, Hch. 23:1, 2 Co.4:2). La fe consciente de Dios nos lleva a la experiencia de lo que Dios es contigo.
La fe espiritual es una, fluye en cuatro dimensiones gloriosas para que las gracias de Dios fluyan incontenibles en nuestro ser y podamos entender, poseer, andar y cumplir en todas las cosas que conforman la agradable y perfecta voluntad de Dios.
LA FE Y LAS AFLICCIONES
El apóstol Pedro nos declara que el Dios de toda gracia obre cuatro cosas en cada creyente que está siendo probado, porque es necesario y debe acontecer a todos los cristianos (1 P. 5:8-10), a quien Dios le pide resistir los embates firme en la fe:
Que Dios lo perfeccione (en Gr. Katartizo, se refiere a que se encuentre terminado), es decir, que la obra de Dios en el creyente se concluya porque no falte nada por hacer.
Que Dios lo confirme (En Gr. Zterizo, que significa lo establezca o fundamente sobre una base sólida), esto tiene relación con los principios de la Palabra que sustentan la vida del creyente y la vuelven estable, firme, inamovible.
Que Dios lo corrobore (en Gr. Stenoô, que significa aumentar la fuerza, o aportar mayor poder), lo cual tiene relación con la impartición de la vida de Cristo que obra en el interior del creyente.
Que Dios lo establezca (en Gr. Themelioô, que significa poner derecho y firme o consolidar algo), que tiene que ver con el andar delante de Dios y dependiendo enteramente de Él.
Es muy claro que estas cuatro cosas tienen que ver con las cuatro clases de fe y las cuatro dimensiones del amor, las cuatro voluntades de Dios y las cuatro fronteras que debemos extender para ser llenos de la plenitud de Dios. ¡Aleluya!
LA FE Y LA PALABRA DE DIOS
En griego hay cuatro palabras que se traducen como palabra, y como veremos, se relacionan con la fe en sus cuatro dimensiones:
RHEMA se refiere a una palabra específica de acción inmediata (Mt. 4:4). Aparece 73 veces en el Nuevo Testamento. La fe creativa nos fue dada precisamente para que Dios obre en el acto su Palabra y se cumpla en quien la escucha y la cree.
LOGOS significa tratado o compendio, termino aplicado a toda la Biblia como la Palabra de Dios (Col.1:5). Cuando Pedro predicó el día de Pentecostés, y les dijo: oíd mis palabras usó “rhema” (Hch 2:14), porque se refirió a lo dicho por el profeta Joel, que se estaba cumpliendo en ese momento; pero más adelante les explica sobre quién es el Señor Jesús y les dice (verso 22): oíd estas palabras, donde usó “logos”, porque iba a tratar sobre lo que la Biblia dice del Señor. Aparece 325 veces en el Nuevo
Testamento. La fe doctrinal es aplicada para comprender las verdades del Evangelio y establecernos en ellas sólidamente.
El inicio del evangelio de Juan, que traduce “Verbo” cuando se refiere a Cristo, la palabra griega es Logos, por lo que se puede traducir literalmente: “En el principio era la Palabra, la Palabra era con Dios y la Palabra era Dios”, refiriéndose a que toda la Palabra de Dios es un tratado de Cristo, quien es la Palabra y es Dios revelado en ella.
ÈMPHÜTÖS se refiere a la palabra cuando ha sido asimilada, aceptada o implantada en alguien (Stg.1:21). Es la Palabra cobrando vida en el creyente que la pone por obra. Aparece 1 sola vez en el N. T. La fe perseverante es desarrollada en el creyente para que la Palabra de Dios se haga carne en el creyente y la vida de Cristo fluya en él, es decir, lo transforme a su semejanza.
APAGELLÔ que significa palabra cumplida, también se traduce como mensaje o reporte de algo que pasó (Mt. 2:8, 28:8). Aparece 48 veces en el N. T. La fe consciente de Dios, es la vista del espíritu regenerado, que le permitirá al creyente ver la Palabra de Dios cumplida junto con el propósito para lo cual fue dada, aun antes de que se manifieste físicamente, y con ello disfrutará el saber que Dios está presente.
LA FE EN EL LIBRO DE LOS HEBREOS
Los capítulos 3 y 4 nos presentan la fe creativa como el don de fe. (He 3:19, 4:2-3, 12, 16).
Los capítulos 5 y 6 nos explican sobre la fe doctrinal como la fe fundamento. (He. 5:13, 6:1, 11-12, 17).
El capítulo 10 trata sobre la fe perseverante como el fruto del Espíritu en el creyente. (He. 10:22-23).
El capítulo 11 nos presenta la fe consciente de Dios como el sentido del espíritu regenerado o visión espiritual. (He. 11:1-6).
DESARROLLANDO LA FE CREATIVA
La fe creativa, que es en su fase inicial la fe que nos trajo a la Salvación, es también uno de los nueve dones espirituales, repartido entre los creyentes según el Espíritu Santo quiere. Los nueve dones deben operar en cada iglesia local, para que funcione como el cuerpo de Cristo y todos los miembros se interesen los unos por los otros (1 Co. 12:9, 11), de modo que no todos tienen este don de fe.
Aunque es un don, requiere ser ejercitado para ser desarrollado y alcance su plenitud, por lo que todos aquellos que tienen el don de fe, deben saber que hay un modelo o patrón en la Biblia que Dios sigue para lograr ese desarrollo, que podemos estudiar en la vida del profeta Elías. Es importante que todo creyente conozca este modelo para que pueda identificar la obra de Dios en su propia vida para el operar en la medida de fe que Dios le dio.
1.- La fe creativa requiere de una palabra Rhema para operar. Elías pudo hablar al rey Acab la palabra que Dios le había dado sobre que no llovería sino por su palabra, que la diría cuando Dios se lo ordenara (1 Ry 17:1). La fe creativa convierte al creyente en boca de Dios, es una palabra que dará inicio a cosas nuevas y específicas para esa ocasión (Is. 55:11).
Cristo, nuestro modelo perfecto en todo, siempre esperó en su Padre y cuando habló, siempre fue su Padre quien habló y respaldó las palabras de fe con sus obras sobrenaturales (Jn. 14:10-11, 24, 12:47-50).
2.- Cuando se ha hablado una palabra de fe creativa, hay que aprender a depender totalmente del dicho de Dios, confiando que Dios obrará lo que hablamos en su Nombre, no hay que ayudar a Dios, no hay que forzar las cosas para que la palabra se cumpla. Que no lloviera afectaría a todos y también en lo natural a él, así que tenía que depender de Dios para no ser afectado, quien le proveyó sobrenaturalmente su alimento mediante cuervos, y su agua en forma natural hasta que el arroyo de Cerit se secó (1 Ry. 17:2-7). El reposo de fe es necesario, nos enseña a depender de Dios por entero. Elías aprendió que Dios puede suplir milagrosamente y esperó cada día su sustento.
El pueblo de Israel tuvo que recibir la disciplina de la demora para aprender a depender de Dios (Dt. 8:2-4), sin embargo cada día vieron la provisión de Dios por 40 años (Ex. 16:4). Cristo también estuvo en el desierto por cuarenta días de ayuno en el que fue tentado del diablo en su hambre, pero fue el tiempo en que aprendió a depender de la Palabra recibida de Dios (Mt. 4:1-4).
3.- Para desarrollar la fe creativa es necesario cultivar la humildad. Es más fácil recibir de cuervos que de otras personas, sobre todo si se trata de una viuda pobre, pero eso era lo que debía hacer el profeta, obedecer en humildad la palabra dada por Dios e ir a Sarepta y pedirle a una viuda sin recursos, que ni era israelita sino de Sidón, que primero le diera a él de comer y luego comería ella y su hijo (1 Ry. 17:8-16). Ella tenía el corazón preparado por Dios para sustentar al profeta y él no tenía que cuestionar lo
dicho por Dios sino actuar en fe con sumisión (Lc. 4:25-26). La humildad precede a la gracia de Dios que es la provisión para que los propósitos de Dios se cumplan (Stg. 4:6-7).
El ministerio poderoso de Cristo fue sustentado materialmente por mujeres (Lc. 8:3). Cristo apreció lo que una viuda pobre echó en la caja de las ofrendas, más que lo mucho que echaban los ricos de lo que les sobraba (Mr. 12:41-44), así que la humildad coopera con la voluntad de Dios porque libera la gracia.
4.- La fidelidad es fe que se mantiene bajo la presión de la adversidad. Para desarrollar la fe creativa, el profeta fue aún más probado en medio de la ya difícil prueba, algunos dirían que le estaba lloviendo sobre mojado cuando el hijo de la viuda murió, pero el profeta no se rajó, se encerró a orar con el cuerpo del niño y Dios le oyó y resucitó. Fue puesto en esa situación para que desarrollara más y se ejercitara su fe creativa (1 Ry. 17-17-24). El que opera en el don de fe debe ser fiel en decir lo que Dios dice, sin modificar el mensaje por la presión de las circunstancias o el dolor y no moverse.
Pablo experimentó esta presión de una respuesta de la misma muerte, pero era propiciado por Dios para desarrollar su fidelidad, al confiar en la fidelidad de Dios que resucita a los muertos, y no confiar en sí
mismo (2 Co. 1:9, 1 Ti. 1:12).
Nuestro Señor también experimentó la presión de las circunstancias hasta la misma muerte, y fue oído por su temor reverente y al soportar la presión aprendió la obediencia y pudo cumplir la voluntad de su Padre (He. 5:7-9).
5.- La fe debe ser por naturaleza radical para imperar sobre cualquier obstáculo, así que Dios va a desarrollar determinación. Después de tres años de no llover, Samaria se moría de hambre, las bestias de trabajo morían de hambre y sed. Acab el rey pensaba que Elías tenía la culpa, era un rey malo y cruel de corazón muy duro, pero el mandamiento de Dios al profeta era que fuera ante Acab y le diera instrucciones para que reuniera a los 450 profetas de Baal y los 400 profetas de los bosques, y se probara ante los ojos del pueblo quién era el verdadero Dios, si Baal o Jehová. El profeta manda el recado al rey:
“vive Jehová delante del cual estoy, que hoy me mostraré ante ti”. La fe creativa fue dada para enfrentar retos imposibles y confiar en la palabra dada por Dios, caminar con determinación en ella con la seguridad de que Dios la cumplirá. Estando ya en el monte Carmelo da instrucciones a los profetas para que pidan fuego a Baal, según Dios le dijo (1 Ry. 18:25-29, 36). Dios le dio dominio al no titubear y hacer puntualmente lo que Dios le mandó (2 Co. 2:17), este dominio espiritual impidió que el diablo respondiera a los profetas de Baal, porque estaba atado y su obra estaba siendo saqueada (2 Co. 10:4-5).
Cristo dijo que el dominio lo ejerce el más fuerte, algunos pretendían que su poder venía de Belcebú, pero él les aclaró que provenía del Espíritu Santo para saquear la casa del valiente, lo cual hizo con determinación (Mt. 12:27-29, Lc. 11:21-22).
6.- Hay tres aspectos a desarrollar en cuanto al conocimiento necesario para que la fe creativa opere:
6.a.- Conocimiento de Dios. Elías reúne al pueblo y restaura el altar de Dios, pone doce piedras en él conforme a la palabra de Jehová dada al pueblo de Israel, tal y como lo había recibido de Dios. El altar de Dios es para darle adoración, usando doce piedras o principios de fundamento, que nos muestran su confianza plena en el pacto que Dios hizo con su pueblo, recordando además que Dios le puso por nombre Israel o guerrero de Dios, que prefigura el nombre de la nueva criatura en Cristo (Gn. 32:28). El altar además fue edificado en el nombre de Jehová o de parte de Dios. El altar de Dios así restaurado nos habla del mismo corazón de Dios, figura del Calvario como la fuente de toda bendición. Elías tuvo una revelación de Dios mientras edificaba el altar, porque lo centró en Él mismo y sabía que tocaría su corazón solo mediante un sacrificio (Dn. 11:32, Ex. 20:24-26).
Ese es el secreto del creyente que conoce a Dios y sabe con toda certeza que todo lo va a recibir sólo mediante la ofrenda de Cristo (1 P. 2:5).
Nuestro Redentor sabía que para que el camino al Padre se abriera, era necesario un sacrificio perfecto, así que no ofrecería un toro, sino a sí mismo, para que nosotros fuéramos aceptos por medio del amado de
Dios (He. 9:12, 10:19-22, Ef. 1:6).
6.b.- Conocimiento de la gracia. El toro ofrecido sobre la leña del altar prefigura la ofrenda de Cristo en la cruz (1 Ry. 18:33-35), el agua sobre la ofrenda y llenando la reguera, prefigura la purificación del pueblo mediante su palabra (Jn. 15:3, Ef. 5:26), que fue derramada 3 veces con 4 cántaros cada vez, es decir, 12 cántaros para provisión de las doce tribus, cubriéndolas totalmente con la gracia de Dios. En forma natural la madera mojada no encendería, pero el profeta sabía que de ese modo no habría duda que Dios lo haría sobrenaturalmente, rebasando la imposibilidad, tal y como la gracia rebasa a la ley que condena al pecador (Ro. 5:20, 1 Ti. 1:14, 1 Co. 15:10).
El precio pagado es inconmensurable, pues la misma vida del Hijo de Dios fue entregada por nuestra Salvación, pero el pecador lo recibe en forma gratuita, de pura gracia. La gracia es Cristo dado por entero a nosotros, no hay mérito nuestro, sólo recibir por fe lo que para nosotros es imposible (Ro. 8:32, Ef. 2:8, Jn. 1:16-17).
6.c.- Conocimiento del celo de Dios. Dios hace descender su fuego del cielo, figura del Espíritu Santo, en respuesta a la oración obediente de Elías, que declara que todo lo hizo como Dios se lo mandó (1 Ry.18:36-40). El fuego consumió el holocausto y lamió las piedras mojadas y con ello el corazón del pueblo se volvió a Dios y lo adoró, convencido por el poder de Dios. El Espíritu Santo nos convence de pecado, de justicia y de juicio, para volvernos a Dios arrepentidos. El celo de Dios llevaría al profeta Elías a ejecutar a los 450 profetas de Baal por haber desviado el corazón de su pueblo en pos de dioses ajenos (Dt. 13:1-5). El propósito de la palabra de fe dada es que la gente se acerque a Dios y que sólo Él sea glorificado. Dios tiene celo y no desea compartir su gloria con nadie más (Stg. 4:5).
Cristo vino para ser boca de Dios y hablar palabras de fe que trajeran a todos a la Salvación, Él recibió la encomienda de glorificar a su Padre y no a esculturas (Is. 42:6-8), ese es su celo santo y6 debemos conocerlo para no usurpar su gloria.
7.- Finalmente, la fe creativa desarrolla cuando se aprende a reposar en fe, en cuatro maneras:
7.a.- Reposando en Dios velando. (1 Ry. 18:41-46), Elías da la palabra de fe al rey Acab que la lluvia ya viene, pero no se va a descansar esperando que las cosas pasen, sino que el reposo se dio cuando el se fue a orar con su rostro escondido entre sus piernas, figura de replegarse a su espíritu, para estar en contacto con Dios, intercediendo hasta que sucediera lo que había hablado de su parte. Por siete ocasiones manda a su criado para ver si ve alguna nube subir del mar, pero él no interrumpe su intercesión hasta cuando su criado le dice que ve una pequeña nube como la palma de la mano de un hombre, figura de dominio. De inmediato le dice que vaya al rey y le diga que unza su carro y descienda porque la lluvia no lo ataje y
pronto el cielo se oscurece y cae una gran lluvia conforme a su dicho (Stg. 5:17-18). Cuando Dios ha dado una instrucción y damos la palabra de fe, es necesario orar porque así suceda e interceder hasta que suceda (Mt. 6:6).
Daniel también aprendió a interceder por aquello que Dios había hablado por medio de Jeremías, sabiendo que obrará lo que habló cuando alguien se lo pide (Dn. 9:1-4, 18, 10:12). La oración eficaz es la que pide lo que Dios dijo que quiere hacer (1 Jn. 5:14-15). Esa es la manera de reposar velando.
Muchas veces Jesús reposó velando, cuando Lázaro murió no se quedó dos días a matar el tiempo, sino a orar, Él sabía que Lázaro iba a morir y a resucitar y así se los había declarado a sus discípulos (Jn. 5:17-21, Jn. 11:3-6, 14-15). Cuando llega frente a la tumba de su amigo, no pide sino da gracias a su Padre por haber sido escuchado, es por eso que entendemos lo que había estado haciendo esos dos días de espera, pidió en secreto y venía a ver la recompensa en público (Jn. 11:40-44).
7.b.- Reposando en silencio. (1 Ry. 19:1-14, 18), Por un momento el peligro que se cernió sobre él, lo hizo huir de Jezabel porque pensó en sí mismo y olvido lo que Dios le había mostrado, se desanimó hasta el punto de desear morirse, lo que demuestra lo frágil que es la carne, pero Dios le va a enseñar a reposar en quietud y tranquilidad total. Primero lo alimenta de modo que camine por 40 días para ir al monte Sinaí, él obedece y cuando llega al monte ve diferentes manifestaciones de fuerza: Un viento recio que
quebraba las rocas, después un terremoto, luego un fuego, pero Dios no estaba en esas figuras de su poder ((Jon. 1:4, Sal. 114:6-7, Mal. 3:2). Finalmente vino un silbo apacible y delicado y Elías pudo hablar con
Dios y descargar su corazón y recibir la paz de Dios que le devolvió el reposo de fe (Sal. 46:10), pues Dios le muestra que no era el único sino que Él se había reservado a otros siete mil fieles. Dios tiene un reposo de quietud serena en donde estar conscientes de Él y no de las circunstancias adversas y peligros que parecen querer destruirnos.
En la barca Jesús reposó en silencio, mientras los experimentados pescadores temían por sus vidas (Mr.4:37-41), es despertado por sus asustados discípulos y se levanta, da la palabra de fe a los elementos
inanimados y estos le obedecen cesando la tormenta, luego les recrimina su poca fe.
Cuando fue llevado preso ante Herodes, era tiempo de reposar en silencio y no perder su paz bajo la presión de las circunstancias, mientras el rey quería ver un espectáculo, presionando a Cristo para que pensara en sí mismo y le concediera su deseo para así salvar su vida, pero el reposó en silencio y perseveró en el propósito encomendado por su Padre (Lc. 23:7-11).
7.c- Reposando sirviendo. (1 Ry. 19:15-21), Después del silbo apacible que le devuelve el reposo, Dios manda a Elías a ungir a Hazael por rey de Siria, a Jehú por rey de Israel y a Eliseo para que lo suceda como profeta. Esta clase de reposo es necesaria para la fe creativa. El profeta cumplió su ministerio y reposó haciendo todo aquello que Dios le había mandado, además Eliseo le empezó a servir y no caminó más solo. El reposo del apóstol es ejercer su apostolado, el del pastor pastorear, el del discípulo seguir el ejemplo de su Maestro, el del creyente obedecer y servir en las cosas pequeñas para que Dios le ensanche.
Nuestro Señor siempre obró la voluntad de su Padre puntualmente (Jn. 4:34, 5:15-17, 30, 6:38-39, 9:4), al final pudo decir que había concluido la obra que el Padre le dio y proclamó “Consumado es” (Jn. 17:4,19:30).
7.d.- Reposando con esperanza. (1 Ry. 21:17-24, 27-29, 2 Cr. 21:12-15), Elías siguió su ministerio sin temor y aunque tenía que dar palabras duras de parte de Dios, las dio con esperanza y fielmente, de modo que Acab el rey se humilló delante de Dios y con ello Dios aplazó su juicio. El reposo de esperanza permitirá que Dios obre su voluntad a través de sus siervos fieles.
(2 Ry. 1:1-17) Mas adelante vemos a un profeta maduro y reposado, que no se inmuta ante las amenazas del nuevo rey Ocozías, que sentado en reposo hace descender fuego del cielo y consume a los soldados que habían ido por él, esto por dos veces, la tercera vez descendió para darle al rey la palabra de Dios, la cual se cumplió puntualmente y el rey murió conforme a su dicho.
Nuestro amado Señor también habló con exactitud y esperanza todo lo que el Padre le guió a decir, eso trajo arrepentimiento a Saqueo el publicano, a la mujer que fue tomada en el lecho del adulterio, porque tenía su esperanza en Dios y no en las personas (Lc. 20:20-26).
EL CAMINO DE LA FE
Teniendo presente que hay cuatro tipos de fe: Don de fe o fe creativa; Fe doctrinal o fundamento; Fe perseverante o fe fruto del Espíritu, y fe consciente de Dios o sentido del espíritu. El desarrollo de la fe doctrinal depende de cuánto conocemos, comprendemos, creemos y vivimos
la Palabra de Dios (1 Ti. 4:6). Para agradar a Dios es que nos fue dada la fe, pero debemos actuar en ella (He. 11:6). Lo que no es de fe, es pecado (Ro. 14:23). Sin fe reprobamos las pruebas (2 Co. 13:5). La fe es un camino definido en el que hay que avanzar paso a paso (Ro. 1:17), descubriendo la voluntad de Dios y viviendo en sus propósitos.
Siempre necesitamos un modelo que nos permita practicar lo que aprendemos, y Abraham fue evangelizado antes para ser padre o modelo de fe a los creyentes (Gá. 3:6-9, 29, Ro. 4:12, 16). Los hijos aprenden por imitación, así que debemos seguir las pisadas de fe de nuestro padre
Abraham, haciendo como él, sus obras de fe (Jn. 8:39-40).
Pablo nos enseña siete pasos que Abraham caminó mostrándonos el camino seguro de la fe que llega a la meta y obtiene resultados (Ro. 4:17-22).
1.- CONFESIÓN DE LA FE (Ro. 4:17). Abraham creyó lo que Dios le prometió, pero además creyó que Dios llama las cosas que no son como las que son, y la clave era que si él las creía las llamara como Dios. Confesar es decir lo mismo que otro dice, en este caso Dios por medio de su Palabra. Hay más de 3,500 promesas en la Biblia, cada una de ellas es un cheque al portador con
la firma de Cristo, lista para ser cobrada mediante la fe que la confiesa. No dice la Biblia que Dios pensó sea la luz, sino, “dijo Dios sea la luz y fue la luz” (Gn. 1:3). Confesar es creativo, es ejercer el poder de la vida y la muerte que está en nuestro hablar (Pr. 18:21), es por eso que debemos confesar lo que Dios nos ha prometido (Sal. 116:10, Ro. 10:10-11, 2 Co. 4:13, Sal. 119:41-43), Cristo confesó ante Pilatos algo que se oía ridículo, pero era la verdad, Él era Rey (1 Ti. 6:12-13).
2.- CONFLICTO DE LA FE (Ro. 4:18). Abraham siguió creyendo en la promesa de Dios aún y cuando la esperanza natural se había acabado, porque la fe espiritual nunca se acaba, pues nos conecta con la eternidad. Su cuerpo viejo, la matriz muerta de Sara, todo era imposible en lo natural. Del mismo modo, en tus circunstancias, cuando se han ido cerrando todas las puertas y
parece que todo se acabó, necesitas decidir si Dios está sobre tus imposibles y vencerás el conflicto entre lo que vez y lo que Dios dice. Afirma tu rostro, determina que Dios es fiel y vendrá su paz terminando el conflicto. Pablo tuvo este conflicto al punto de tener duda de vivir, pero confió en Dios, el que da vida a los muertos (2 Co. 1:8-10, Hch. 27:20-25). En el conflicto debemos someter nuestros sentidos naturales y reducir tu pensamiento a la promesa que estás esperando que Dios te cumpla, no debes ver las circunstancias, ni cuando son favorables, sino esperar por entero en lo que Dios te habló por medio de su Palabra (Sal. 31:1-6, 1 P. 1:13, Jon 2:9-10).
3.- CONSIDERACIÓN DE LA FE (Ro. 4:19). No consideró las cosas naturales que enflaquecen a la fe, y sí consideró la fidelidad de Dios en cumplir sus promesas y eso les fue por fortaleza para seguir esperando en Dios (He. 11:11-12), considerar es pensar en lo que Dios dice, llenar nuestra mente de su fidelidad (1 Co. 1:9, 10:13, 1 Ts. 5:24).
4.- CONSISTENCIA DE LA FE (Ro. 4:20a). No desconfió, no claudicó, no echó marcha atrás. Consistencia es que no se altera, no varía, no fluctúa, ni siquiera se debilita, sigue igual que al principio, persevera hasta alcanzar (He. 6:12-15). Varios héroes de la fe se murienron en la raya, creyendo (Ef. 4:13-14, He. 10:23, 11:13-16, Stg. 1:6-8).
5.- CONCIENCIA DE LA FE (Ro. 4:20b). Se fortaleció en fe, dando gloria a Dios (1 Co. 16:13). La alabanza nos vuelve conscientes de Dios y de su poder y grandeza, por sobre nuestras circunstancias por difíciles que sean. Notemos el contraste entre Sal. 106:24-25 y 12. Dios no nos pide que le alabemos porque sea vanidoso, su gloria es perfecta la reconozcamos o no, así que es más bien para que se cree la atmósfera propicia para que Dios obre, porque cuando su pueblo le alaba, Él habita en sus alabanzas (Sal. 22:3-4). La alabanza precede a la victoria, te imparte la fuerza necesaria para no distraerte de Dios hasta ver su propósito cumplido (Dt. 10:20-21).
6.- CONVICCIÓN DE LA FE (Ro. 4:21). Convencido plenamente que Dios tenía el poder para cumplir sus promesas. A veces, después de orar por un problema, se complica, por una enfermedad, se empeora, pero si tienes convicción, eso no te moverá, porque la fe es la certeza y la demostración de aquello que Dios ha prometido (He. 11:1). Abraham esperó 25 años por la
promesa de un hijo, cuando la recibió él podía, por eso vino Ismael, pero cuando Dios cumplió él ya no podía y sólo se sostuvo por convicción (Gn. 18:10-14, He. 11: 11-12). Todo lo que Dios promete es firme, sólido, confiable (2 Co. 1:20-21, 2 Ti. 1:12).
7.- CONFIRMACIÓN DE LA FE (Ro. 4:22). Dios cumplió cuando su fe fue contada por justicia, es decir, su fe agradó a Dios y Dios le dio el hijo de la promesa (Gn. 21:1-3). Abraham obedeció a Dios y obró en obediencia y en ello demostró que verdaderamente creía y fue justificado por fe sin obras sino por las obras de la fe (Stg. 2:14, 17-18, 21-24, 26). La obediencia
es la evidencia de la fe que obtiene.
Ejemplo: Si la Biblia enseña que todos los que han sido bautizados en el Espíritu Santo pueden hablar en lenguas y tú lo crees y lo pides, la evidencia de que lo has creído es que podrás hablar en otras lenguas. Ese es el paso de obediencia que demuestra tú fe.
SEGUNDO TESTIMONIO
La lección fue repasada por Dios, con lo que cada pisada de fe de Abraham fue corroborada con ambos pies, y para nosotros el camino de la fe quedó definido con claridad. Aquel niño hijo de la promesa cumplida, entró en la adolescencia y Abraham lo amaba y se sentía cumplido y gozoso, sabiendo que en ese hijo reposarían las promesas y los propósitos de Dios se cumplirían. Empero Dios quiso probarlo nuevamente, y le pidió algo que parecía absurdo, que sacrificara a su hijo, al único, al que amaba (Gn.22:1-18), repasando uno a uno cada paso de fe ya antes caminado:
1.- CONFESIÓN DE FE (Gn. 22:1-5). Abraham no dudó ni un instante, al contrario, madrugó, preparó todo y tomando a su hijo, la leña un burro, dos mozos y el fuego, se dirigió al monte Moriah para sacrificar a su amado hijo, heredero de las promesas. Él confesó al pie del monte, cuando pidió a sus mozos lo esperaran: “…Mi hijo y yo iremos, adoraremos y volveremos”.
Estaba seguro que volverían juntos, pasara lo que pasara en el monte, el tenía confianza plena en Dios y confesó.
2.- CONFLICTO DE LA FE (Gn. 22:6-7). Isaac va con su padre, sabe que van a adorar, pero algo falta, ve la leña, el fuego, pero no ve el cordero para el sacrificio y le pregunta a su papá. Seguramente Abraham tragó saliva al escuchar la pregunta y siguió caminando ante la mirada escrutadora de su hijo. El vértigo de obedecer contra la lógica, el conflicto de la fe. En ese momento se llena la mente de preguntas: “¿Y si… esto, y lo otro?”. Pero Abraham venció el conflicto mientras caminaba al encuentro de Dios en obediencia.
3.- CONSIDERACIÓN DE LA FE (Gn. 22:8). Después de considerar la situación y quién era su Dios, pudo responder: “Dios se proveerá de cordero, hijo mío”. En su corazón no cabía la menor duda de que Dios era poderoso para resucitar a los muertos si era necesario para cumplir sus promesas (He. 11:17-19).
4.- CONSISTENCIA DE LA FE (Gn. 22:9-10). Estaba determinado, no le tembló el corazón, se mantuvo fiel en la medida en que preparaba el altar, acomodaba la leña y ataba a su sorprendido hijo, que seguramente le miraba con grandes ojos de asombro. No le dio explicaciones, estaba
seguro que su hijo comprendía que en ese momento era necesario confiar totalmente en Dios, eso le había enseñado, los principios de su fe habían sido sembrados en su corazón, por lo que Isaac no se resistió, confiaba en el Dios de su padre. Abraham finalmente levantó el brazo, empuñando aquel cuchillo que brilló a los rayos del sol. El corazón de Abraham, que amaba entrañablemente a su hijo, estaba a punto de reventar, pero no por eso desistió y obedeció (Stg. 2:17-22).
5.- CONCIENCIA DE LA FE (Gn. 22:11). En ese momento el ángel de Dios le gritó deteniendo el sacrificio y él respondió: “Heme aquí”. Es de capital importancia que toda nuestra atención se concentre en Dios y no en las circunstancias, de ello dependerá el que se cumpla el propósito de
Dios.
6.- CONVICCIÓN DE LA FE (Gn. 22:12). El ángel lo detuvo para que no tocara a su hijo, le dijo que ya conocía lo que había en su corazón, temor de Dios, pues no le había rehusado a su hijo. La prueba de la fe de Abraham demostró que Dios era su prioridad, aún sobre la persona más amada para él sobre la tierra, esa convicción es necesaria en el creyente cuando es probado, y debe manifestarse antes de ser aprobado.
7.- CONFIRMACIÓN DE LA FE (Gn. 22:13-14). Un sustituto fue dado a Abraham para que adorara a Dios con la ofrenda pedida por Dios, el sello de la aprobación divina es Cristo nuestro sustituto, en quien tenemos garantizado el favor divino manifestado en la respuesta de gloria que
tuvo, porque después del sacrificio, le fueron confirmadas todas las promesas y la bendición de Dios se derramó sobre aquel hombre de fe invencible (Gn. 22:15-19), “bendiciendo te bendeciré y multiplicando te multiplicaré en gran manera”, Dios le promete dos simientes, una terrena
como la arena de la mar, y otra celestial, como las estrellas del cielo, y le confirma en forma contundente que en su simiente (Cristo), serían benditas todas las familias de la tierra, por lo cual somos hijos de la fe de Abraham (Stg. 2:23). Los aprobados en la fe, descubrirán una nueva y más íntima relación con Dios, que es la de ser sus amigos, con quienes compartirá todos sus secretos (Jn. 15:14-15).
DESARROLLO DEL FRUTO DEL ESPÍRITU FE
Dios dio por medio del profeta Habacuc una palabra para nuestra dispensación:
“Y Jehová me respondió, y dijo: Escribe la visión, y declárala en tablas, para que corra el que leyere en ella. Aunque la visión tardará aún por tiempo, mas al fin hablará, y no mentirá: aunque se tardare, espéralo, que sin duda vendrá; no tardará. He aquí se enorgullece aquel cuya alma no es derecha en él: mas el justo en su fe vivirá.” (Hab. 2:2-4).
Esta palabra es para la iglesia, en la cual la fe de Cristo sería implantada en el corazón de cada creyente, que cuando la lee debe correr, es decir, ponerla a funcionar en tal manera que cumpla el propósito de Dios (1 Co. 9:24), conociendo que la carrera a la que se refiere no es de velocidad sino de resistencia y por lo tanto requiere de paciencia (He. 12:1-2). Cristo es el autor (origen) y el consumador (cumplimiento) de la fe y por lo tanto siempre debemos concentrar en Él nuestra atención. Habacuc además advierte que la fe operará en humildad y no en orgullo, por lo que para mantener el canal limpio debemos practicar la humildad, para que se manifieste la justicia que es por la fe de Cristo en nosotros (Fil. 3:9).
El apóstol Pablo desarrolla en base a esta palabra de Habacuc el tema de la fe en tres epístolas: Romanos, Gálatas y Hebreos, dando en cada caso una aplicación diferente que nos permite ver cómo se desarrolla la fe fruto del Espíritu, que nos habla de la madurez del carácter (Gá. 5:22-23).
1.- LA SEMILLA FE (Ro. 1:16-17). El tema principal de la epístola a los Romanos es la Justicia de Dios alcanzada mediante la fe, o justificación, cuando ésta libera la gracia (Ro. 3:22-24, 28, 31). La fe de Jesucristo nos trae a vida. El justo es el que ha sido justificado por la fe, quien ha recibido su fe y esto ha dado inicio a su nueva vida en Cristo por pura gracia.
Pablo inicia la epístola diciendo que su ministerio consiste en lograr la obediencia de la fe, en el Nombre de Jesucristo (Ro. 1:5), donde la fe es alguien y no algo, a quien obedecer. La epístola termina en el mismo tenor, el Evangelio revelado a Pablo, como los escritos de los profetas anteriormente, tienen el mismo propósito de que todos obedezcan a la fe, para gloria de Dios (Ro. 16:25-27).
Pero es muy claro que el apóstol pone mucho cuidado en separar las obras propias, de la fe que nos trae a la Salvación (Ro. 4:4-8), porque declara que la fe y no las obras propias son contadas por justicia, pretender algún valor de las obras propias anulan la promesa de Dios, que sólo es garantizada por la gracia al que cree (Ro. 4:13-16). Sólo justificados por la fe tenemos paz para con Dios, por medio de Jesucristo nuestro Señor (Ro. 5:1-2).
Como vimos, el apóstol en su epístola a los Romanos pone juntos la Justicia, la Gracia y la Fe, que ponen en acción la voluntad de Dios. La fe nace por la Palabra del evangelio al escucharla (Ro. 10:8-11, 17). Es contundente cuando afirma que Dios encerró todo en incredulidad para tener misericordia de todos (Ro.11:32), pero también afirma que todo lo que no es de fe es pecado (Ro. 14:23), es decir, las obras propias son pecado siempre. Mas el que tiene esta semilla de fe experimenta el gozo y la paz de Dios (Ro. 15:13).
Justificación mediante la fe de Cristo operando en el nuevo creyente, es el fundamento y seguridad que le fue sembrada, de modo que nunca el creyente dependa de su capacidad, sino de la gracia de Dios. El apóstol nos da una visión de toda la obra: si la raíz es santa, lo serán las ramas y también el fruto, explicando en Romanos el inicio o la semilla de la fe espiritual (Ro. 11:16).
2.- LA PLANTA FE (Gá. 3:10-14). La más pequeña de las semillas da la mayor de las legumbres (Mr. 4:30-32, Mt. 17:20), así la fe fue comparada a la semilla y la planta de mostaza. Ahora Pablo toma la palabra de Habacuc para hablar del justo que por la fe debe seguir viviendo, para lo cual le ha sido dado el Espíritu Santo.
Los Gálatas habían empezado bien, pero fueron movidos de su seguridad y esto frenó su crecimiento (Gá. 1:6-7, 3:1, 5:7), por lo que Pablo va a enseñarles que deben volver a poner a operar la fe de Cristo
dejando el esfuerzo propio (Gá. 3:2-5).
(Gá. 3:25-29, 4:1-2) Pablo argumenta sobre el propósito de la fe en quienes son hijo de Dios, para que sean herederos. La vida del creyente debe ser en la fe del Hijo de Dios no en su propio esfuerzo, la fe libera la gracia de Dios, es decir, permite que Cristo viva en el creyente (Gá. 2:19-21). Eso es que el justo por la fe vivirá. Esa es la verdadera vida espiritual, la que es por el Espíritu, la que libera la fe que obra por el amor (Gá. 5:5-6, 16-18), es decir, las obras de la fe y no las nuestras, son las que nos llevan a heredar lo que Dios nos dejó en Cristo (Gá. 4:6-7). La fe nos hizo vivir en el espíritu y ahora es necesario andar también en el Espíritu, donde la fe vendrá a ser un fruto cumplido (Ef. 5:22-25), porque la gracia de Cristo es con nuestro espíritu (Gá. 6:18).
3.- EL FRUTO FE (He. 10:35-39). Una semilla que germina y crece hasta formar un árbol, llegará a dar el fruto según su especie. El Apóstol en Hebreos muestra que el justo siempre vivirá por la fe que le trajo a vida y que le ha desarrollado hasta que, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtenga la promesa de la grande remuneración de galardones (He. 9:15), esperando que Cristo venga para ganancia del alma.
El fruto nos habla de madurez, de cumplimiento, de la perfección alcanzada y eso es el tema principal de la epístola, que vayamos adelante a la perfección (He. 6:1-2, 11-12, 7:19, 11:40). La provisión para ser perfeccionados ya fue hecha por Cristo y está en el espíritu regenerado del creyente (He. 10:12-14,12:23). Participar de esta provisión es para que los que tenemos la fe, permanezcamos en ella sin fluctuar porque Él es fiel que nos prometió resultados y herencia.
El reposo de fe es permanecer creyendo lo que Él nos dice en su Palabra, dejando nuestras obras para obrar las suyas (He. 4:2-3, 8-11). La fe como parte del carácter de Cristo en el Creyente que sometido a Dios permanece.
La fe que alcanza la perfección es la que se mantiene activa (He. 11:1, 6, 39-40), hasta la consumación de esa fe que fue semilla, se ha convertido en árbol y está dando fruto (He. 12:2), la fe que cumple, exitosa, la que podemos aprender al imitar la de quienes han predicado, nos preceden y nos presiden (He. 13:7).
Fuimos Justificados por la fe, estamos siendo Santificados por la fe y seremos Glorificados por la fe de Cristo en nosotros, que nos dio la vida, nos mantiene viviendo y para la eternidad.
La segunda de las siete doctrinas básicas enlistadas en Hebreos 6:1-3, es la del Arrepentimiento de Obras Muertas. Esta doctrina muestra a Dios muy misericordioso, ya que habiendo motivos suficientes para condenar a todos por causa del pecado, produce en el pecador arrepentimiento, y le da la oportunidad de Salvarse al acercarse a Él mediante Jesucristo (2 P. 3:9). Es importante entender los dos aspectos: Lo que es el verdadero arrepentimiento, y lo que son las obras muertas.
I. OBRAS MUERTAS
Cuando estábamos perdidos, estábamos obligados a pecar, no nos quedaba opción, pues éramos por naturaleza rebeldes, hijos de ira, sujetos al pecado como un señor tirano (Ef. 2:3). La ley tuvo el propósito de condenarnos al establecer un estándar que jamás el hombre por sí mismo pudo alcanzar y la ley lo condenó (Ro. 3:12, 20, 23), porque todas sus obras estaban muertas, es decir, provenían de un hombre muerto en sus pecados (Ef. 2:1).
Al recibir a Cristo como nuestro Salvador, tuvimos que renunciar a nuestras obras mediante el arrepentimiento (Tit. 3:4-7, Ef. 2:8-9), fue entonces cuando nacimos de nuevo, recibimos la naturaleza del Hijo de Dios, pura y sin mancha, que es Cristo en nuestro espíritu que por Él fue regenerado, y recibió los genes divinos que le dieron la vida eterna, somos entonces nuevas criaturas en Cristo, con naturaleza divina, santa y perfecta, todo esto en nuestro espíritu (Jn.1:12-13, 2 Co. 5:17, Gá. 6:15).
Como cristianos debemos entender que estas dos naturalezas: la vieja y la nueva, siempre estarán dentro de nosotros, y dependerá de nuestra decisión, el que una prevalezca sobre la otra (Ro. 8:13, Gá. 5:16-17). El viejo hombre también es identificado como la carne, que sigue contaminada por el pecado, la tendremos hasta el tiempo que muramos físicamente o que Cristo venga y seamos transformados (Ef. 4:22-24, Col. 3:8-10). Por lo tanto, pretendiendo hacer la voluntad de Dios en nuestra vida natural, o propia capacidad, jamás podremos agradar a Dios, porque no podremos hacer lo correcto, que es su voluntad (Ro. 8:7-8).
Romanos 7:14-25, nos muestra el dilema de un cristiano que pretende vivir en su esfuerzo propio, intentando, como en el Antiguo Testamento, acercarse a Dios mediante sus propias obras, lo cual lo frustra y lo convierte en un hombre miserable o hipócrita, que aparenta una vida que no existe. Estas son las obras muertas, no sólo aquellas groseras que todo mundo
reconoce, como la fornicación o la mentira, sino aún aquellas que parecen ser buenas, pero que son hechas en nuestra capacidad natural.
Hay un evangelio pervertido que los Gálatas pretendieron seguir, en el que ya no era la gracia de Dios la que les garantizaba bendiciones, sino las obras (Gá. 1:6-9, 3:3, 4:9, 6:11-16), Pablo los llama insensatos, por pretender perfeccionarse en la carne, en su propio esfuerzo, inútil y frustrante. Debemos reconocer que lo mejor del hombre no sirve, que es imposible aprobar en nuestra capacidad propia (Is. 64:6, Gá. 3:10, 5:4). Si le diéramos valor meritorio a cualquier obra buena hecha en nuestra capacidad natural, tendríamos que restárselo a los méritos de Cristo, desechando con ello su gracia.
En aquel día, el día de Cristo, cuando todos los creyentes comparezcamos ante su tribunal, el fuego hará la prueba de nuestras obras, y hay tres materiales orgánicos y por lo tanto combustibles, que tipifican las obras muertas que se quemarán, y por lo tanto se perderán las recompensas (1 Co. 3:11-15). Madera, heno y hojarasca. Es obvio que la hojarasca es basura,
por lo tanto representa a los pecados groseros que cometen los cristianos que andan en la carne y se dejan llevar por sus concupiscencias. Pero el heno, que es usado como ornato y crece sobre los árboles, puede prefigurar la vida farisea, legalista e hipócrita que aparenta piedad y hace cosas para obtener reconocimiento de los demás, pero que está hueca, que es vanidad (Mt. 6:2, 5, 16). La madera se usa para los andamios en la construcción y para los acabados, tipifica lo humano, es buena, por lo tanto tipifica obras “buenas”, que muchos creyentes hacen en su propia capacidad, pero que al no provenir de la nueva criatura, siguen siendo obras muertas, las cuales también se van a quemar (1 Co. 13:3).
No sólo el perdido debe arrepentirse, el creyente debe arrepentirse de todas sus obras muertas, debe examinarse cada día y renunciar a la propia capacidad, para no edificar madera, heno u hojarasca (Ro. 13:12). Es mejor resolverlo ahora y ser perdonados, para que no aparezcan en el tribunal de Cristo y pasemos vergüenza al comparecer delante de Él en aquel día (1 Jn. 2:28, He. 9:14).
II. OBRAS VIVAS
En contraste, las obras vivas, son todas aquellas hechas en fe, donde opera la gracia de Dios, aquellas preparadas por Dios de antemano para andar en ellas (Ef. 2:10, Gá. 6:7-10, 14-15, 18, Ro. 8:12-13, Ro. 6:11-15, 22). Pablo nos declara que la obra ya no es obra aprobada, si no es hecha en la gracia (Ro. 11:6, 1 Co. 15:10, Gá. 2:19-21). Nada de mezclas, nada de esfuerzo, nada de capacidades o habilidades nuestras, todo eso hay que traerlo a la cruz de Cristo para que sean vivificadas mediante la fe. La carne obra, el espíritu fructifica, es decir, manifiesta la nueva naturaleza que nos fue implantada al recibir a Cristo (Gá. 5:19, 22-25).
Estas obras vivas están prefiguradas con aquellos tres materiales inorgánicos: el oro, la plata y las piedras preciosas, que por lo tanto no son combustibles, que prefiguran las obras del creyente que al permanecer al ser pasadas por fuego, van a ser recompensadas en aquel día: El oro es figura de lo divino, los muebles del Tabernáculo cubiertos de oro, muestran la divinidad en Cristo. La plata es figura de la Redención que Cristo ganó con su sacrificio, como las bases de plata que sostenían las tablas del Tabernáculo. Las piedras preciosas, como las del pectoral del Sumo Sacerdote, muestran el gran valor que cada gema tiene al ser pulida y grabada con los nombres de los hijos de Israel. En suma, la obra del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, son necesarias en el alma de cada creyente, para que pueda decir con confianza que sus buenas obras, las que serán recompensadas, serán precisamente las que él no obró, sino las que Dios
obró en él y mediante él (Is. 26:12, Jn. 6:28-29, 14:12).
III. SIGNIFICADO DEL ARREPENTIMIENTO
El verdadero arrepentimiento involucra las tres áreas del alma.: La mente, las emociones y la voluntad. En el hebreo existen dos palabras diferentes que se traducen como arrepentimiento. En el griego existen tres, el entenderlas nos permitirá comprender con mayor profundidad la
obra de Dios para con el hombre:
Nicham (he). Significa cambiar de opinión, de parecer o de propósito. Esta palabra no implica reconocer un error, pero si un cambio en los pensamientos. Algunos textos que tienen esa palabra y que nos pueden ayudar a ver su aplicación, se refieren a Dios:
(Gn. 6:6-8). Como vemos, Dios se arrepintió, es decir, cambió de parecer respecto a su obra, por lo que va traer el juicio del diluvio, salvando por gracia a Noé y su familia, para volver a empezar.
(Ex. 32:12-14). Moisés pide a Dios se arrepienta de haber pensado destruir a su Pueblo y su intersección logra que Dios cambie de parecer.
(Jr. 18:8-10). Dios ofrece arrepentirse de hacer mal a su pueblo, si su pueblo se arrepintiere (shûb) de su mal camino, de lo contrario Dios se arrepentirá de hacerles bien.
(Joel. 2:13-14). Dios se arrepiente del castigo, cambia si ya no es necesario. Otras citas (/Sal. 106:45, Is. 63:17, Nm. 10:36, Sal. 90:13).
Shûb (he). Significa volverse, regresar, convertirse, rectificar. En este caso se refiere a dejar algo equivocado. Veamos algunos ejemplos:
(Pr. 28:13). Se refiere a apartarse del pecado.
(Is. 44:22). Tornarse a Dios de sus pecados.
(Jr. 24:6-7). Se volverán a mí, de todo su corazón.
(Ez. 14:5-6). Dios le pide a su pueblo convertirse y volverse de sus ídolos a Dios.
(Ez. 18:21-23, 27-28). Dios ofrece vida al impío que se apartare de sus caminos.
(Ez. 33:11-16). Volverse del mal para hacer el bien traerá vida al impío.
(Nm. 23:19). Dios no es hombre para que se arrepienta de esta manera Shûb (1 Sm.15:29, Mal. 3:6).
Metanöeo (gr). Significa cambiar de mente, reconocer intelectualmente un error, darse cuenta que algo está mal y repudiarlo. Ejemplos:
(Mr. 1:15). Arrepentíos y creed al Evangelio, cambiar la mente para conformarla a los principios divinos del Evangelio mediante la fe.
(Lc. 15:17). El hijo pródigo volvió en sí, es equivalente a decir, recuperó la razón y se dio cuenta de su gran error, lo que lo movió a regresar y pedir perdón.
(Lc. 24:47). Les mandó predicar este arrepentimiento a todos, es decir, el convencerlos mentalmente de sus errores o pecados.
(Hch. 8:22). Reconoce tu maldad y abandónala, fue el consejo de Pedro a Simón en mago.
(Ap. 2:5, 16, 21-22, 3:3, 19). De las siete iglesias de Asia, figura de las diferentes etapas de la era de la iglesia, vemos que a cinco Dios les habla de la necesidad de arrepentirse, es decir, reconocer sus errores y cambiar su mente.
Metamelomai (gr). Significa cambio de sentimientos, dolor de corazón o tristeza por fallar, pesar por haber ofendido a alguien. Veamos algunos ejemplos:
(Lc. 22:31-32, 60-62). El Señor le dice a Pedro que después de haber sido sacudido por el diablo, debe volverse a Dios, arrepentirse con este dolor de corazón, y después podrá confirmar a sus hermanos. Sabemos que en efecto, Pedro lloró amargamente al negar a su Señor, oír el canto del gallo y cruzar su mirada con Él.
(2 Co. 7:9-10). Contristados para volverse a Dios, emocionalmente afectados con dolor por haber fallado a Dios.
(Ro. 2:4). La benignidad de Dios nos guía a enternecer el corazón y abrirlo a Dios.
(Stg. 4:8-10). Allegarse a Dios cuando se está lejos, con el corazón dolido por haberle
fallado.
(Hch. 2:36-38). Fueron compungidos de corazón y Pedro les aconseja arrepentirse, sentir pesar por haber pecado y volverse de corazón a Dios.
(Ro.11:29). De la misma raíz, pero con carácter de irrevocable, respecto a los que Dios da al hombre como el llamado y sus dones, dice que Dios no se arrepiente de haberlos dado.
Epístrepho (gr). Significa decisión de volverse atrás, acto volitivo de cambiar el curso de las cosas en dirección contraria. Ejemplos:
(Hch. 3:19). Aquí aparecen juntas: Epístrepho y metaöeo, traducidos como: arrepentíos y convertíos al Señor, es decir, decídanse y cambien de manera de pensar.
(2 Ti. 2:19). Se traduce como apartarse de iniquidad.
(Hch. 20:21). Predicando el arrepentimiento para con Dios, decisión firme de volverse a Él.
Un caso muy interesante de analizar es el de Judas, porque los evangelios nos refieren que se arrepintió (Mt. 27:3-5) y devolvió las monedas de plata, la palabra usada es metanöeo, es decir, se dio cuenta de la magnitud de su error, también se ve que le pesó en su corazón, es decir, sintió metalomai, pero no se volvió a Dios de su voluntad, en vez de la cual, decidió castigarse a sí mismo, considerando que no alcanzaba el perdón de Dios. Es decir, le faltó epístrepho, decidir buscar a Dios. El mismo problema de Caín que pensó que su pecado era más grande que el perdón divino y aceptó su condenación (Gn. 4:13).
Cuando en el Nuevo Testamento se analiza el caso de Esaú (He. 12:16-17) y el porqué no alcanzó bendición aunque la buscó con lágrimas, es que no tuvo lugar al arrepentimiento (metanöia), es decir, nunca reconoció que se había equivocado al cambiar su primogenitura por las lentejas, sino que inculpó a su hermano. Él quería todo, los privilegios de la primogenitura y
también las lentejas, que suplieran su necesidad inmediata, figura de los deseos egoístas por lo terreno, y ambas cosas no se pueden tener.
La predicación del Evangelio inicia siempre con anunciar la necesidad del verdadero arrepentimiento:
Dios el Padre (Hch. 17:30: 2 P. 3:9).
Jesucristo (Mt. 4:17; Lc. 13:1-5).
Juan el bautista (Mt. 3:1,2.).
Los discípulos (Mr. 6:12; Lc. 24:47).
Pedro. (Hch. 2:38).
Pablo (Hch. 20:21; 26:20).
El arrepentimiento puede darse por medio de tres cosas:
a) La corrección y la disciplina de Dios (He. 12:6,10, 11; Ap. 3:19).
b) El reproche de otros cristianos (Mt. 18:15-17).
c) La disciplina de los ministros (2 Ti. 2:24-25).
El propósito de Dios es que el pecador se de cuenta de su realidad a la que el pecado le ha llevado; y entonces desee regresar a Dios. La parábola del hijo pródigo es el ejemplo claro para los hijos que se alejan de Dios (Lc. 15:11-32).
IV. SIETE SEÑALES DEL VERDADERO ARREPENTIMIENTO
En 2 Co. 7:11 hay un claro ejemplo de lo que produce el verdadero arrepentimiento, como frutos dignos de él. Veamos los siete frutos o signos del verdadero arrepentimiento:
“Qué solicitud”, una disposición inmediata a confesar y a corregir el camino errado, de cambiar. A veces puede haber un reconocimiento del pecado, como en el caso de Saúl, pero sin una verdadera disposición de cambiar, así no sirve porque es parcial. El arrepentimiento produce la confesión de los pecados (1 Jn. 1:9). Dios es fiel y justo para perdonar a quien se ha arrepentido y confiesa creyendo en su sacrificio. Esta confesión va dirigida primero a Dios (Sal. 32:5) y también a quienes han sido ofendidos (Mt. 6:14,15; Lc. 19:8, Is. 1:17.). Dios otorga su perdón completo al pecador arrepentido, que incluye el olvido eterno de nuestras ofensas (Heb 8:10-12).
“Qué defensa”, defender significa concentrar todos los recursos en resistir el ataque del enemigo, es la prueba de que estamos arrepentidos. Si sabemos donde somos vulnerables, debemos prevenirnos para no flaquear nuevamente.
“Qué enojo”. Qué indignación, un sentimiento contrario al amor, la tercera señal del arrepentimiento es aborrecer el mal. No alejamos de lo que antes nos atraía, nos separamos de aquello que nos gustaba (Pr. 28:13, Ez. 18:21-23). Odiar la carne, el “Yo” que se cree autosuficiente, el orgullo y la auto justificación, es la mejor protección para
nuestro corazón.
“Qué temor”. La conciencia es sanada y puede ser guiada por el temor de Dios, su presencia se hace más clara a cada momento, ayudándonos a caminar rectamente, procurando agradarle en todo lo que hacemos. Es acogerse realmente a Dios, sabiendo que Él no nos echa fuera (Lc. 15:21-24).
“Qué gran deseo”, no sólo hay una reacción a abandonar las obras muertas, sino un gran deseo de hacer lo bueno, de agradar a Dios. La apatía por las cosas de Dios es una señal de falta de arrepentimiento, indicando que existen áreas del alma que siguen atadas a las obras muertas. Este anhelo ardiente por agradar a Dios es lo que produce una mayor consagración.
“Qué celo”. Un sentido de exclusividad, de verdadero aprecio por Dios y su santidad y no permitir mezclarlo con nada fuera de Él. Es este celo el que permite que el Espíritu de Cristo tome el control y vaya apareciendo como fruto en el alma rendida del creyente.
“Qué vindicación” Vindicar significa restituir, recuperar lo perdido (Lc. 19:8-9, Mt. 6:14-15). Esto es lo que se conoce como “conversión” o cambio radical de vida (1Ts.1:9; Mr.1:15; Gá. 5:22-23). La vindicación lleva al creyente arrepentido a vivir una vida nueva, sus costumbres y estilo son dejados atrás (Ef. 2:2, 11-13, Hch.11:18;2Ti.2:21-22, Fil.2:12-13).
El mismo patrón siguió David cuando se arrepintió de sus pecados cuando el profeta Natán le hizo entender que él había fallado y dictado su propia sentencia de muerte sobre sí mismo (Sal.51)
Qué solicitud: “Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, Y límpiame de mi pecado.”
Qué defensa: “Porque yo reconozco mis rebeliones, Y mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti, contra ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos; Para que seas reconocido justo en tu palabra, Y tenido por puro en tu juicio.”
Qué enojo: “He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre. He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.”
Qué temor: “Purifícame con hisopo, y seré limpio; Lávame, y seré más blanco que la nieve. Hazme oír gozo y alegría, Y se recrearán los huesos que has abatido. Esconde tu rostro de mis pecados, Y borra todas mis maldades.”
Qué gran deseo: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti, Y no quites de mí tu santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salvación, Y espíritu noble me sustente.”
Qué celo: “Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, Y los pecadores se convertirán a ti. Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salvación; Cantará mi lengua tu justicia. Señor, abre mis labios, Y publicará mi boca tu alabanza.”
Qué vindicación: “Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; No quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios. Haz bien con tu benevolencia a Sión; Edifica los muros de Jerusalén. Entonces te agradarán los sacrificios de justicia, El holocausto u ofrenda del todo quemada; Entonces ofrecerán becerros sobre tu altar.”
Hay otros temas doctrinales relacionados con el arrepentimiento de obras muertas, tales como: La conversión, la Regeneración y la Adopción, que por lo extensos, no serán desarrollados en este estudio; pero es muy recomendable orar y estudiarlos posteriormente con detenimiento, para no dejar huecos o lagunas en la doctrina, que nos debiliten al confrontar las pruebas y batallas de la fe que nos esperan en el camino que nos falta recorrer.
La primera de las doctrinas “leche” que todo cristiano debe conocer, como la base que le permita avanzar a la perfección, es La Doctrina de Cristo (He. 6:1-3), es un dogma; es una verdad que no puede ser contradicha, que el apóstol Pablo llama el misterio de la piedad (I Ti. 3:16).
En el Nuevo Testamento hay enumerados doce misterios, pero al ser revelados por Cristo dejan de serlo para nosotros. Las cosas ocultas son ahora notificadas a su Iglesia, o dadas a conocer (Ef. 3:9-11): Ello quiere decir que la Iglesia debe conocer a su Dios, para declararlo a los principados y potestades. Así, al conocerle, llegaremos a ser perfectos en el conocimiento de Él. La oración de Pablo es que la Iglesia tenga acceso al conocimiento espiritual de Dios y de lo que Él tiene para nosotros.
En Griego, misterio (mystérion) quiere decir secreto, algo vetado a la razón, que no puede ser penetrado por la mente. Ahora bien, el misterio de la piedad estuvo oculto desde los siglos y las edades y en él quisieron ver los profetas del Antiguo Testamento, pero a ellos no les fue dado como hoy lo hace Dios a sus santos apóstoles y profetas en el Espíritu (Ef. 3:3-5 y 8-9; 1:9, 5:32, 6:19, Col.1:26-27, Ap. 10:7, I Co. 4:1, Mr. 4:11, Ro. 16:25, Gá. 1:12). El apóstol Pablo establece que este misterio es el misterio de Cristo (Col. 4:3 y 2:2, Ef. 3:4).
Las palabra griega eysebeías, quiere decir veneración, respeto filial, piedad, compasión amorosa. En otras derivaciones de esta raíz encontramos los significados de piadoso, consagrado, irreprochable.
En esto consiste el misterio de la piedad: es un secreto que Dios ha revelado a la humanidad. Este secreto es el amor de Dios por el hombre. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda mas tenga vida eterna” (Jn.3:16). El misterio de la piedad es Dios mostrando su amor para con nosotros en Cristo, al llevar toda la carga del pecado nuestro sobre sí mismo y darnos a cambio su justicia para que seamos justos por Él delante de Dios: “Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor suave” (Ef. 5:2, 2 Co. 2:15).
La piedad sigue siendo un misterio para los que se pierden (I Co. 2:5-8; 1:18a; 2 Ts. 2:10). Pero para los que se salvan es poder de Dios.
Enumeremos los siete diferentes aspectos que conforman el misterio de la piedad:
1.- Su divinidad, Él es Dios
2.- Su humanidad, Él fue manifestado en carne.
3.- Su ministerio terrenal. Fue justificado por el Espíritu, porque le respaldó
en cada obra que hizo en la voluntad de su Padre.
4.- “Visto de los ángeles”, nos habla de cuatro aspectos en los que los ángeles intervinieron como testigos: a). En su nacimiento. b). En su muerte expiatoria en el Calvario, cumpliendo las profecías y las figuras del Antiguo Testamento. c). La revelación de su Nombre, de su naturaleza. d). Su resurrección y exaltación.
5.- Ha sido predicado a los Gentiles.- Nos muestra los nueve principios de la Gran Comisión, para levantar a la Iglesia.
6.- Ha sido creído en el Mundo.- Nos revela la importancia del discipulado.
7.- Ha sido recibido en Gloria.- Nos habla de dos aspectos principales: a). Su Ministerio Actual.
b). Lo que falta por cumplir: Su segunda venida.
Veamos con más detalle cada uno de estos aspectos, para conocer la doctrina eje de la vida cristiana: La Doctrina de Cristo:
I. LA DIVINIDAD DE CRISTO
1.- El Misterio de la Piedad empieza a ser revelado cuando entendemos que Cristo es Dios, comprender su divinidad es esencial para que deje de ser un misterio.
¿Quién es Cristo? ( Jn 14:6), Cristo se presentó a sí mismo como el gran Yo Soy. En el evangelio de Juan siete veces Él se declara así, revelando que Él es Dios (Jn. 1:18). Cristo está hablando de Sí mismo quién es Él. Yo Soy es la forma en que se identificó Dios a Moisés mediante su Nombre Jehová (vocablo castellanizado por Casiodoro de Reina), o Yavéh (como es más propio por ser un término masculino) y que significa Yo Soy. Así, Cristo se identifica como el eterno Yo Soy.
Cristo es la Imagen del Dios invisible (Jn. 1:17-18, Col. 1:15). Cristo es el Unigénito Hijo de Dios.
Él ha dado a conocer a Dios. Él le declaró. Él es Dios manifestado en una manera tal que nosotros le conozcamos.
Dios quiere que ejerzamos fe en Cristo, de acuerdo a Su voluntad. En Atenas, Pablo predicó acerca del “Dios no conocido” (Hechos 17:23), porque a Dios nadie le vio jamás. Ninguna carne puede ver a Dios y vivir (I Timoteo 6:16; Éxodo 33:20). La única manera de ver a Dios es a través de la persona de Jesucristo (Juan 1:18; Hebreos 1:3); sólo Cristo puede revelarnos al Padre celestial (Juan 6:46; 12:45 y 14:9).
Dios ha sido manifestado en carne. Cristo es Dios (Ro. 9:5): Él incluye dos naturalezas: Su Humanidad y su Divinidad. El Padre engendró en la virgen un ser Divino y Humano. Hijo de Dios es aquel a quien Dios engendró y es igual a Dios: “vosotros dioses sois, e hijos todos del Altísimo” (Is. 7:14), Mt. 1:23). Cristo es verdadero Dios, en su esencia: Él es Dios con nosotros. Su Nombre Emmanuel significa su Deidad, porque Cristo es Dios. Cristo, el Hijo de Dios, manifiesta a Dios en persona con nosotros, porque a Dios nadie le ha visto jamás; el Unigénito Hijo del Padre le ha dado a conocer (Gá. 4:4, Jn. 1:18; Dt. 4:10-12, y 33-36, Mt. 11:27; Lc. 10:22, Jn. 5:37, 6:46; I Jn. 4:12-
20, I Ti. 6:16).
Atributos Divinos en Cristo
a) Por su propia naturaleza, Él es Dios (Col. 1:15-17, Jn. 1:3, I Co. 8:6, Ap. 3:14c). Él es el Creador eterno y el sustentador de todas las cosas (Gn.1:26, He. 1:3). Él es el Creador. Cristo es coigual con Dios porque, en sí mismo, Dios es Plural y es Uno. Cristo participó en la creación (Col. 1:16); Dios es el único Creador. Crear y criar no son la misma cosa. En hebreo hay una palabra: “crear”, que sólo se utiliza para describir a Dios obrando. El hombre puede inventar, diseñar, o hacer algo, pero sólo a partir de lo ya creado. Crear es hacer algo de la nada. Sólo Dios es Creador. Satanás puede
manifestarse en lo ya creado, pero no puede crear; el Satanás es un ser creado y no puede crear.
b) Su eternidad. Cristo es antes de todas las cosas. Él es alfa y omega, principio y fin de todo (Jn. 1:1-2; Col. 1:17; Pr. 8:22-23, Is. 41:4, 43:10 y 13; 44:5-8; 48:12; Ap. 1:8, 11, 17; 2:8; 3:14; 21:6; 22:13).
c) Él es el sustentador de todas las cosas y Él las mantiene en operación (Jn. 1:3; He. 1:2).
El Padre Celestial trató a Cristo como Dios.- (He. 1:8), Cristo se sentará en el trono de David.
Pero además, en Apocalipsis 3:21 Cristo declara haberse sentado en el trono de Su Padre.
Cristo se llamó a Sí mismo Dios (Jn. 5:18; 10:33 y 30; 17:11 y 22). “Yo y el Padre una cosa somos”. Juan, el teólogo, habla muchas veces de la Unidad manifiesta entre Cristo y el Padre.
El Espíritu Santo habló de Jesucristo como Dios.- (Mr. 12:36-37) “El Señor” es el título de Dios.
En el Antiguo Testamento, en Hebreo, Señor es ‘Adonai’, hablando Dios, el Padre, a Su Hijo.
Nadie puede llamar Cristo Señor, sino por el Espíritu Santo (I Co. 12:3). La palabra ‘Adonai’ pasa al Nuevo Testamento como ‘kurios’ con la pronunciación ‘kyrios’.
La Biblia lo Llama Dios.- (Ro. 9:5; He. 13:8; Tit. 2:13; Col. 2:9; Fil. 2:6; I Jn. 5:20). Cristo es el Dios de las edades. Él nunca dejó de ser Dios. Cristo no puede perder jamás su naturaleza Divina.
Cristo recibe adoración pues Él es Dios.- (He. 1:6; Lc. 2:11, 13-16; Ap. 5:12- 14). En algunos casos, vamos a encontrar la expresión “el Señor” con relación a Dios el Padre, a Jehová (Hch. 4:26;Sal. 2). Pero “Ungido”, en hebreo es ‘Mesías’ y en Griego es ‘Cristo’. (Hch. 2:36) “Hijo de Dios”
está refiriéndose a su Divinidad.
Él es el Primogénito de toda la creación, es decir, en quien se origina todo gen, no dice de la creación, sino de toda ella (Col.1:15-16, Ap. 3:14, Sal. 89:26-27).
2.- El Alfa y la omega, principio y fin de todo, es decir, en Él da inicio y en Él se cumple (Ap. 1:8, 21:6).
3.- Él es el Unigénito del Padre. El de un gen (todos somos bigénitos) (Jn. 1:14 y vs 1-3).
4.- Yo, yo Jehová el primero, yo mismo con los postreros (Is. 41:4, 48:12, Ap. 1:17, 22:13, 1 Jn. 2:13).
5.- El que sólo tiene inmortalidad (I Ti. 6:15-16, He. 1:8-12).
6.- La eterna sabiduría de Dios es Él (Pr. 8:22-30, Is. 43:13).
7.- El primogénito de la iglesia (Ro. 8:29).
8.- Su Nombre es Dios Fuerte, Padre Eterno (Is. 9:6-7).
{{Ejercicio: ¿Qué personajes de la Biblia hablan de Cristo como Dios?
Respuesta Juan 1:49 Natanael; Lucas 2:26-38 Simeón y Ana; Mateo 16:16 Simón Pedro; Lucas 1:43 Elizabeth; Hechos 2:36 Pedro; Juan 20:28-29 Tomás el Dídimo; Hechos 9:27 Saulo de Tarso; Juan 11:27 Marta; Mateo 14:33 Los discípulos (la compañía del barco); Lucas 1:76 Zacarías.}}
En la Biblia, desde El Génesis hasta Malaquías se habla del Mesías
Su familia, el lugar y el tiempo de su manifestación
A) En Génesis 3:15 es la primera vez que se habla del Mesías. Es la promesa dada a los padres acerca del Ungido de Dios. Este pasaje habla del Calvario, y de cómo habría de ser herido. A Adán y a Eva fue dada la promesa: a los padres; esto fue aproximadamente cuatro mil años antes del advenimiento de Cristo. En el pasaje vemos el primer conflicto con la serpiente antigua (dragón, diablo, Satanás), pero también vemos la promesa del redentor.
B) Génesis 9:26 Profecía de Noé (cerca de 2,300 a.C.). Noé fue el único que se salvó del diluvio, con siete almas más (Génesis 9:18-26). Génesis 5 muestra las generaciones de Adán y Eva, las cuales fueron destruidas por el diluvio, excepto Noé y siete almas más. A partir de ahí, se levantó una nueva línea en Sem.
C) Génesis 12:1-3 Abraham (1,900 a.C.) Nuevamente vemos la promesa del Mesías: Todas las familias serán benditas en Cristo. Génesis 11:10-26; I Crónicas 24-27; 2:1-2 Abraham desciende de
Sem. Aquí cabe reiterar la preexistencia del Señor (Jn. 8:48-58; 17:5 y 24c). Él es el eterno “Yo Soy” del Antiguo Testamento que muestra Su Divinidad. Pero Dios escogió a Abraham para que en él continuara su simiente santa.
D) Génesis 21:12 y 26:3-4, Isaac y Jacob (1,850 a.C.) Ahora bien, no por ser simiente de Abraham todos son hijos (Ro. 9:7), porque Abraham tuvo varios hijos, nacidos de Sara, Agar y los que procreó con Cetura. De todos los hijos de Abraham, Isaac fue escogido para que continuara la promesa, la cual pasó a Jacob (Gn. 28:13-14; Nm. 24:17; Is. 60:3; Mt. 1:1-2; Ap. 22:16). Isaac tuvo dos hijos: Esaú y Jacob. Ellos peleaban en el vientre de su madre por la primogenitura. Jacob no era el primogénito, pero compró la primogenitura. Jacob engendró a los doce patriarcas (Hch.7:1-8).
E) Génesis 49:10 Judá (1,800 a.C.) A Jacob le nacieron doce hijos ¿en quién continuaría la línea mesiánica? La profecía habla de un rey: El Mesías es Rey y Señor para nosotros los redimidos. Judá fue elegido para la línea mesiánica como Rey (He. 7:12-14), de la cual no se habla del sacerdocio.
Pero vemos al Mesías, además, como Sumo Sacerdote. Génesis 35:22; 49:3-4 Rubén era el primogénito de Jacob, pero perdió la primogenitura a causa de amancillar el lecho de su padre (Gn. 34:1-7 y 13-14). Simeón y Leví perdieron la primogenitura por haber hecho mortandad, ante su venganza por la deshonra de Dina. “La ira del hombre no obra la justicia de Dios” (Gn. 49:8-12)
Jacob habla del Mesías como Rey y Señor.
Los derechos de primogenitura cubren tres aspectos:
a) Doble porción de herencia, frente a los demás hermanos; José recibió esa doble porción en sus hijos Efraín y Manasés (Gn. 48:15-20; Dt. 21:15-17; I Cr. 5:1-2). Ellos fueron erigidos en cabezas de tribus, y sin ellos no se completarían los fundamentos.
b) La función sacerdotal; el primogénito heredaba el sacerdocio patriarcal de la familia. En los hijos de Jacob, el sacerdocio patriarcal le fue dado a Leví. La dignidad sacerdotal fue dada a Leví, por su fidelidad en el Monte Sinaí (Éx.13:14-15; 32:26-27; Nm. 3:12).
c) El Gobierno; éste recayó en Judá (Alabanza) (Gn. 29:35; 49:9) {Una notación marginal que merece mención es que cada tribu tenía su propio emblema. Jacob describió cada emblema, al bendecir a sus hijos: “Cachorro de León Judá”. Cristo es el León de la Tribu de Judá (Nm. 23:23-24; Gn. 49:9; Ap. 5:5)}
F) Deuteronomio 18:15, Moisés (1,500 a.C.) hizo referencia al Profeta que Dios levantaría. Específicamente, no se refiere a un profeta o un grupo de profetas, ni a un profeta dentro de un grupo de profetas; Moisés se refiere a “El Profeta”. Así, Cristo es presentado por Moisés como “El Profeta de Dios”. Dentro de la tribu de Judá se le presenta como el Rey y como Sacerdote, de
acuerdo a Los Hebreos. Pero es Moisés (el Libertador de Israel) quien habla del Mesías como El Profeta de Dios (Hch. 2:20-26; 7:37). El Candelero habla del Sacerdocio Divino, lleno del Espíritu Santo (Éxodo 25:31) y el Sacerdocio Levítico apunta hacia Jesús como el Sumo Sacerdote (Levítico
1:8 y 16; Juan 5:46-47).
En Génesis 3:15 se presenta el conflicto entre la simiente de la mujer (Cristo) y la serpiente (Satanás), ésta le herirá en el calcañar (crucifixión) y Cristo le aplastará la cabeza (autoridad). Cristo fue exaltado como Gran Rey, y también se le presenta como el Gran Profeta (He. 1:1-3a).
G) Números 24:17 Balaam limitó su profecía mesiánica al Rey futuro que Dios habría de levantar de Israel, antes que Israel fuese una nación. Esta profecía fue poco antes de que el pueblo entrara a Canaán. Balaam veía al Mesías que habría de venir y mostró que en Jacob estaba naciendo un Rey,
un Príncipe sobre todos los reyes (Gn. 49:10).
H) David y Nathán (1,050 a.C.) Dios introdujo a las doce tribus en la tierra prometida; pero la nación no tenía rey; por tanto, ellos hacían lo que bien les parecía (Jueces 17:6; 18:1; 19:1; 21:25). 1. Saúl viene a ser el primer rey de Israel; así el gobierno deja de ser Teocrático para convertirse en monárquico; 2. Nathán profetiza del Mesías (I Cr. 17:11-15). El Mesías nacería de la tribu de Judá, de la línea de David. El Rey Mesías Hombre sería descendiente de la nación de Israel, por la línea de Judá (Isaías 11:1). De aquí en adelante, el Mesías siempre sería descrito como el hijo de David (I Cr. 17:2-15; Ap. 5:5). Cristo es la raíz de Isaí, antes de David, y es el retoño o brote de David. Cristo es antes de David pero, conforme a la carne, desciende de David. Entonces, aquí podemos ver la importancia de David en el Plan de Salvación.
I) II Samuel 5:13-14; I Crónicas 3:5 Salomón. El proceso de selección continúa. Aquí se escogen a dos hijos: Salomón y Nathán, hijos de Bath-Seba. De esta manera, se tiene entendimiento respecto de las genealogías descritas en los evangelios de Mateo y Lucas. Mateo 1 presenta la enealogía de José, por la línea de Salomón. Lucas 3 presenta la genealogía de María, por la línea de Nathán. José es el padre del Señor, de acuerdo a la ley. Elí es el padre de María; ella es la madre de Jesús el hombre, conforme a la Gracia. El Talmud judaico menciona a María como hija de Elí. Los derechos
legales del Señor derivan de Salomón; pero Su ascendencia orgánica procede de Nathán (de él viene el nacimiento físico). Los judíos lazaban la líneas genealógicas con el varón; por eso, no aparece el nombre de María. Cristo desciende por la línea colateral de Nathán. (Isaías 9:7 se confirma en
Mateo 1:1).
J) II Crónicas 36:11-23 El reino terrenal se derrumba en Sedequías (el último descendiente de David que llevó la corona). Entonces, Israel fue llevado cautivo. La nación desapareció hasta que en 1948 se volvió a erigir. El tiempo del fin llama o señala a Cristo como David. Cristo pastoreará a
Israel y a las naciones (Is. 55:3-7; 11:1-10; Ez. 37:24-25; Jr. 23:5; Os. 3:5). Judá fue llevado cautivo por los babilonios y el resto de Israel por los sirios.
Si el Antiguo Testamento nos habla del Mesías que habría de venir: la Esperanza.de Israel, el Nuevo Testamento nos revela al Mesías como Cristo Jesús. Israel esperaba el Mesías (Cristo) pero como nación no le hallaron en Jesús. Sin embargo, la expresión “YO SOY” que se menciona siete veces en el Evangelio de Juan, muestra su Divinidad (Jn. 1:34-41; 4:25-26; Sal. 110:1). En el Calvario se cumplieron 30 profecías diferentes de profetas diferentes que profetizaron en lugares y tiempos diferentes.
Esta tabla es solamente un pequeño ejemplo de algunas profecías del Antiguo Testamento cumplidas en el Nuevo Testamento, en la persona del Señor Jesucristo como el Mesías.
CRISTO ES LA LLAVE DE LA PROFECÍA Hechos 10:43
Descripción del Señor
Antiguo Testamento
Nuevo Testamento
1. Como Hijo de Dios
Salmo 2:7
Lucas 1:32
2. Como Simiente de la Mujer
Génesis 3:15
Gálatas 4:4
3. Nacido de una virgen
Isaías 7:14
Mateo 1:18
4. Ungido del Espíritu Santo
Isaías 61:1
Hechos 10:38
5. Entrada Pública en Jerusalén
Zacarías 9:9
Juan 12:14-16
6. Su carencia de todo engaño
Isaías 53:9
I Pedro 2:21-23
7. El sufrimiento de traición por 30 monedas de
plata
Zacarías 11:12
Mateo 26:15
8. Traspasado en la cruz
Salmo 22:16
Juan 20:25-27
9. Le dieron vinagre como bebida
Salmo 69:21
Mateo 27:34
10. Resurrección al 3er. día
Salmo 16:10
Hechos 2:25-31
Jesús fue hecho Señor (en griego se escribe kurios y se pronuncia kyrios) y Cristo (Hch. 2:30-31 y 36; 3:18; 8:5; 9:20-22; 17:2-3; 18:5 y 28; 19:4; 26:23). Había certeza de que en la persona de Jesús se manifestó el Cristo. Pablo afirmaba que el Mesías ya había venido en la persona de Jesús. En Él se cumplió la promesa del Mesías. Pero los judíos no entendieron los tiempos, ni las veces que Cristo vendría.
En el Antiguo Testamento se le llamaba Mensajero de Dios (Ángel de Jehová); en el Nuevo Testamento, Él es Jesús, el Mesías. En el Antiguo Testamento, Mesías denotaba a la persona ungida con aceite, y prefiguraba al Espíritu Santo (Is. 61:1; 11:2). En el Nuevo Testamento, la palabra Hebrea ‘Messiah’ (Mesías) es traducida al Griego como ‘Khristos’ (Cristo) (Sal. 2:2; Mt.1:16, Jn. 1:41; 4:25), el Mesías es el Cristo y éste es Jesús. Pero fue por la resurrección y ascensión que llegó a ser el Cristo de Dios, en toda la extensión de la palabra (I Jn. 5:1, Sal. 2:2), el Ungido de Dios y capacitado por el Espíritu Santo.
II Samuel 7:13 Se refiere a la dinastía de David, pero apunta al Mesías, el Cristo: El pasaje muestra una forma de la Unción, en el Antiguo Testamento; pero también habla del Cristo, el Ungido de Dios por el Espíritu Santo. En el Antiguo Testamento, Dios ordenó tres diferentes y principales unciones, dentro el reinado teocrático:
A) La Unción al Profeta (I Ry. 19:16; Dt. 18:15-19; He.1:1-2). Ejemplo de ello es Eliseo. El Profeta es la Palabra, y el Gran Profeta de Dios es Cristo, cuyo ministerio es hablar la Palabra de Dios, a fin de traer luz a nuestra mente (intelecto) entenebrecida. Cristo está dando a conocer la naturaleza del Padre. Él es la verdadera luz que resplandeció más que los profetas del Antiguo Testamento. A Dios se le puede conocer sólo a través de la revelación del Mesías (Jn. 1:18; 3:13, 18-21). Él, como Profeta, hace resplandecer la luz del conocimiento de Dios para iluminar la mente entenebrecida por la oscuridad del pecado (Ef. 1:18; 4:18). El alma del hombre quedó cautiva por el pecado y su entendimiento quedó
entenebrecido.
B) El Sacerdote también debía ser ungido (Lv. 8:12; Éx.28:41; Sal.133:2; Lv. 16). Ejemplo: Aarón fue ungido con el óleo santo. Cristo es nuestro Sumo Sacerdote, eterno. Él entró enel Lugar Santísimo, no hecho de mano, una vez y para siempre. Cristo, por el Espíritu eterno, es el Sumo Sacerdote y, al mismo tiempo, es la víctima o el Cordero del Sacrificio (Él es el macho cabrío en el altar de bronce. Es decir, el macho cabrío en el altar -cuya
suerte era por Jehová- es figura del cuerpo del Señor puesto en la cruz. Y el macho cabrío llevado al desierto -cuya suerte era por Azazel- es figura del Alma del Señor en el infierno). Cristo ofreció su cuerpo y su alma en ofrendas por la purificación de nuestros pecados (I Jn. 2:2; He. 5:1-6). Él, como Sumo Sacerdote, afecta nuestras emociones y sentimientos. A causa del pecado, los sentimientos se convirtieron en vehículos de tristeza; a causa de la culpa del pecado y de la separación de Dios, la opresión hizo estragos en nuestros sentimientos. Pero Cristo presentó el Sacrificio perfecto por nuestros pecados y, de esta manera, anuló la culpabilidad y la tristeza (Romanos 8:33-39). Además, en su ministerio sacerdotal, Él nos une a Dios. Romanos 8 empieza diciendo que “Hay ninguna condenación” y termina declarando que “hay ninguna separación en Cristo”.
C) El Rey era otro personaje en quien posaba la unción (I Sm. 10:1; 9:16; 16:13). El Rey es el gobernante y tiene que ver con la voluntad. Cristo es el Rey exaltado con honra y con gloria (He. 1:3; 2:9; Sal. 24:7-10). La voluntad del hombre se volvió perversa a causa del pecado, pero Cristo, en la posición de Rey, dirige nuestra voluntad y nos guía por senderos de santidad y de verdad (Jn. 3:19).
El ministerio de Profeta es para encaminarnos a Santificación. El Profeta, en Nombre de Dios, guiaba al Rey y al pueblo. El Profeta es para que no nos desviemos del camino del Señor. Sólo Cristo nos puede revelar a Dios en plenitud. Como Sacerdote, Cristo también es el Cordero provisto para el sacrificio. Como Rey, gobierna nuestra voluntad. El reino de Dios es Su Iglesia. La Unción con aceite simbolizaba la recepción del Espíritu Santo (ministrar sin unción es ministrar muerte) para capacitarlos para una obra determinada.
Lugar de nacimiento.- Miqueas 5:2 Lugar: La promesa fue dada cerca del año 725 a.C., y se cumplió (Mt. 2:1 y 6; Jn. 7:42 y 37-41; Lc. 2:11 y 4). Beth-lehem significa Casa de Pan y Cristo es el pan de vida.
Tiempo de nacimiento (Dn. 9:24-27): Príncipe Mesías en latín es el Principal Rey (por eso Él es Rey de reyes) que está sobre todos. El profeta Daniel habla de un periodo de siete semanas, más sesenta y dos semanas, lo cual arroja un total de sesenta y nueve semanas (7+62=69). El Mesías
Príncipe estará en la tierra y será muerto en su primer venida; esto nos habla de Su humillación: Él fue humillado. Entonces, en la primer semana de tribulación (Dn. 9:27) será la segunda venida de Cristo. Son siete años de gran tribulación: tres años y medio para refinamiento de la iglesia dormida, y tres años y medio para refinamiento del pueblo de Israel. {{Daniel es el reloj profético de Dios; él vivió, aproximadamente 500 a.C., y es el reloj profético para los últimos tiempos}} Antes de la primera fase, los vencedores serán levantados; al término de esta primera fase, e inicio de la segunda fase de grande tribulación, los cristianos carnales serán reunidos junto con los vencedores.
Levítico 25:8 y 4; Daniel 4:16, 24-25 y 32 En el caso de Daniel, las semanas de los judíos son en años. De esta manera, interpretamos sesenta y nueve semanas de años; es decir, tenemos 483 años (69×7=483 años). La profecía de Daniel inicia a partir de la reedificación de Jerusalén. Para ello, hubo dos expediciones; las de Esdras y Nehemías. La primera expedición fue para reconstruir el templo, en época el rey Ciro (536 a.C.); fue hecha por Zorobabel, Esdras y los profetas Haggeo y Zacarías (Esd. 1:1-3; 5:1-2). La segunda expedición fue en época del rey Artajerjes I (457 a.C.) y se reconstruyeron las doce puertas con sus muros, bajo el sacerdote Esdras, junto con el gobernador Nehemías y el profeta Malaquías (Esd. 7:11-23).
Hubo una tercera expedición, bajo Nehemías (465-424 a.C.) para fundamentar. {{La suma algebraica de 483-457=26; 483 son los años profetizados por Daniel en 69 semanas de años; 457 es el año en el cual se presenta la segunda expedición. Ello significa que el Señor nació en el año 5 ó 4 a.C. Es decir, hay cuatro años perdidos en el calendario gregoriano. Por eso 26+4=30. El Señor inició Su ministerio cuando vino al Jordán para ser bautizado (Lc. 3:21-23). Entonces, el Señor era como de treinta años de edad; esto sucedió entre el año 25 y 26 de nuestra era. Cristo nació cuando
murió Herodes, e inició Su ministerio en época de Herodes el Grande, durante el reinado de Tiberio César, emperador de Roma. De acuerdo a la cronología romana, Herodes murió en el año 749, por tanto, Victoriano de Quitania y el Abad romano Dionisio Eligio, autores del calendario gregoriano, se equivocaron con cuatro años}}.
{{Ejercicio: En los siguientes textos se presenta a Cristo como:
Miqueas 5:2 R.- Señor en Israel; 2. Jeremías 23:5-6 R.- David, Renuevo Justo; Jehová JUSTICIA NUESTRA; 3. Malaquías 3:1 R.- El Señor, el Ángel del Pacto; 4. Proverbios 8:22-30 R.- La Sabiduría (eterna) de Dios; 5. Isaías 4:2 y 9:6 R.- Renuevo de Jehová, Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Todos estos pasajes muestran Su
Divinidad.Malaquías 3:1 En el Antiguo Testamento, la palabra ‘Señor’ es propia del Padre Celestial. Los textos antes citados no hablan del Padre sino del Mesías. Miqueas 5:2 El Señor en Israel. En Israel, el Señor es equivalente al Nombre del Padre Celestial. El Mesías es desde antes. Jeremías 23:5-6 Él es Rey para siempre. El Señor es el Ángel del Pacto. Ángel significa mensajero, enviado. Ángel y mensajero se conjugan en Apocalipsis, donde ángel viene a ser siervo o ministro en la Iglesia (Mal. 3:1; Sal.104:4; He. 1:14 y 7; Ap. 1:20; 2:1, 8, 12 y 18; 3:1, 7 y 14). Ángel es 1. Un ser creado; y 2. Un mensajero (de acuerdo a Apocalipsis); ya no es un ángel en la escala celestial; ahora es un varón; es un hombre; es un ministro de Dios en la Iglesia. Ángeles mensajeros no son seres creados por Dios sino ministros de Dios, (pastores) que darán cuenta de las almas. Pero el Señor es el Ángel del Pacto (del Nuevo Pacto). Dios no escogió a Cristo (Su Hijo) de entre los ángeles, sino que lo engendró del Espíritu Santo. Dios escogió a Su Hijo como ministro Siervo-Hombre, JesucristoHombre; el Hijo del Hombre. Él como Hombre es el ministro del Nuevo Pacto. Y en su Deidad, Cristo es superior a los ángeles, aún cuando en Su humanidad es inferior a los ángeles. Él fue hecho ministro (siervo) semejante a los hombres (nunca igual).
Proverbios 8:22-30 La Sabiduría Eterna de Dios (Is. 9:6; 4:2), Él es el Renuevo, el Pimpollo. Él es antes de David y de Abraham (Jn. 8:58; 17:1-5; Col. 1:17). Y lo que es antes de la creación es eterno. Por tanto, Cristo es eterno. Cristo es antes de su raíz (antes de Abraham y de David). Juan el
Bautista dijo “Él es antes que yo”; sin embargo, en la carne, Juan era mayor por seis meses de edad.}}
Gálatas 4:4 En el cumplimiento del tiempo, vino el Hijo de Dios. Génesis 3:15 Vemos una promesa y la profecía cumplida, cuando Dios así lo dispuso.
Su Nombre es Salvador (Hch. 4:12; Mt. 1:21; Hch. 15:14):
A) Él salvará a su pueblo. Él es el único que puede salvar; Él es el único Salvador; y cuando nos salva nos reúne como su pueblo. Su salvación es para nosotros.
B) Él salvará a su pueblo de sus pecados. Nos ha salvado de TODOS nuestros pecados. El pecado es el origen de todos los males.
C) Su salvación nos ha librado las consecuencias del pecado; nos ha librado de la pena eterna del pecado. I. Él pagó por todos nuestros pecados; II. Nos ha librado del poder del pecado que ejerce en cada uno de nosotros; y III. Un día, el Señor nos librará de la presencia del pecado PARA SIEMPRE (ya no nos asediará el pecado).
II. HUMANIDAD DE JESÚS
Nosotros creemos en Él sin haberle visto. Dios engendró un ser Divino y Humano en la virgen María. Sin contradicción alguna, grande es el misterio de la Piedad; Dios (la Divinidad) ha sido manifestado en carne (Humanidad). La encarnación es igual a “Dios se ha manifestado en carne”.
Cristo nunca dejó de ser Dios, pero Él entró en los límites de tiempo, materia y espacio, los cuales corresponden a la criatura. Dios, el Hijo, vino a habitar entre nosotros (Emmanuel: Dios habitando entre nosotros).
Nació de mujer para recibir la naturaleza humana (Gn. 3:15; Gá. 4:4). Él se limitó en tiempo: vivió treinta y tres años y medio; se limitó a la materia: siendo creador de toda la materia, vino a ocupar un cuerpo (He. 10:5); y se limitó al espacio: habitó en un lugar determinado, en Israel. Esto es la
encarnación. “Aquel Verbo (logos; verbo es palabra en acción o movimiento; Cristo) fue hecho carne y habitó (literalmente, hizo tabernáculo) entre los hombres”. Por cuanto los hijos participaron de carne y de sangre, Él también participó de lo mismo paran identificarnos con Él ((Ro. 8:3; Jn.
1:14, He. 2:14; 10:5).
· Encarnación: Unión de lo Divino con lo humano.
· Encarnación: Unión de la Eternidad con el tiempo.
· Encarnación: Unión de lo Infinito con lo finito.
La encarnación es la manifestación misma de Dios en un cuerpo físico. Su nombre de humillación, en Hebreo es ‘Jeshúa’ (I Cr. 24:11, Sal.113:5-9) y quiere decir “Dios es Salvación”. Le fue dado por Dios a través del ángel, a la virgen María (Mt.1:18-23, Lc. 1:30-31). En el nombre Jesús encontramos la naturaleza humana perfecta (2a Co. 4:10-11, Fil. 2:8-10). En las epístolas paulinas encontramos seis referencias que hablan de su humillación (Lc. 1:44-47). Él es el único, y en ningún otro hay salvación (Hch. 4:10-12).
Dios ha sido manifestado en carne para salvar a su pueblo (He.10:5). El Hijo de Dios se sujetó a Dios que le apropió cuerpo mediante una virgen, sin intervención de un esperma y un óvulo humanos. De haber intervenido José y/o María, la naturaleza de Adán habría pasado a Cristo (Ro. 5:12). Por eso dice la Escritura: “en semejanza de pecado”, pero nunca con la semilla que Adán heredó a la humanidad (He. 7:26-28, 10-11; Ap. 15:4; He. 4:15; I Co. 15:45). El Espíritu Santo hizo sombra en María, y lo nacido de la virgen fue limpio y sin mancha, pero con las características humanas que Adán tuvo al principio. Fue semejante al hombre en sus limitaciones, pero no igual porque no participó del pecado de la naturaleza adámica. Él fue el único Hombre perfecto que no tenía malicia de pecado.
Características del cuerpo de Jesús. Jesús tomó la forma del siervo sufriente de Dios (Fil. 2:6-8; Is. 52:13-53:12). “Y hallado en la condición de hombre tuvo todas las características humanas:
a) Lucas 1:31 Fue concebido.
b) Lucas 2:6-7 Nació como ser humano.
c) Lucas 2:21 Fue circuncidado conforme a la ley.
d) Marcos 11:12 Tuvo hambre.
e) Juan 4:7 Tuvo sed.
f) Juan 4:6 Tuvo cansancio.
g) Lucas 8:23 Tuvo sueño.
h) Juan 11:35 Lloró.
i) Juan 19:1-3 Sufrió dolor físico.
j) Marcos 15:37 Murió físicamente.
Características del alma de Jesús: Su alma fue llevada al infierno para sufrir el castigo nuestro (Hch. 2:31). En cierta ocasión, dijo un predicador: “Yo no sé cómo lo hizo, pero el señor comprimió en tres días y tres noches mi eternidad en el infierno”. Además de ser llevada su alma al infierno, el cuerpo del Señor Jesucristo fue puesto en una tumba. Él era Hombre y Dios. Pero el hecho de que Él fuese Dios, no quiere decir que, en su condición humana, lo supiese todo porque como humano tuvo que entrenar a su alma; la sujetó a disciplina (He. 5:8 y 2:14). El Señor Jesús fue un Hombre perfecto en su condición humana (He. 4:15-16), pero no era un superdotado, ni lo sabía todo; por tanto fue necesario que se alimentase de “mantequilla y miel” (es decir, se alimentó de la Palabra de Dios) para poder discernir lo bueno de lo malo (Is. 7:14-15).
Cuando uno nace, no trae el alma perfecta pues, de ser perfecta, no pecaría. Pero Cristo mostró que en un cuerpo de carne y hueso sí se puede vencer la tentación y también al diablo (He. 2:18). Nos podemos acercar a Cristo con confianza porque Él se compadece de nuestras flaquezas. Él fue tentado en todo en su alma, pero sin pecado. Cristo vivió una vida vencedora contra el pecado, contra el mundo y contra Satanás. Cristo venció en la posición de Hombre.
Características del Espíritu de Cristo: Él tuvo su alma y su cuerpo sujetos a Su Espíritu. Cristo venció al diablo, en su terreno, en el mundo, y derrotó a la carne y al pecado.
a) Encomendó Su Espíritu al Padre (Lc. 23:46).
b) Gemía en su Espíritu (Mr. 8:12).
c) Se alegró en su Espíritu (Lc. 10:21).
d) Se conmovió en su Espíritu (Jn. 11:33).
e) conoció en su Espíritu (Mr. 2:8).
f) Dio el Espíritu (Jn. 19:30).
Cristo se nos presenta como la Verdad, la cual debemos aprender poco a poco como Doctrina, eso nos hará libres para que conozcamos a Dios y hagamos su voluntad (Jn. 14:6, 8:32). En la medida en que conozcamos a Cristo, nuestra vida va a cambiar. Cristo es el modelo de nuestra vida hacia el cual todos debemos apuntar. No nos comparemos entre nosotros o con otros santos; comparémonos con el modelo que es Cristo. Él es la divinidad en nosotros.
Al aceptar a Cristo, Él penetra profundamente en nuestro ser, su Espíritu en nuestro espíritu, y se constituye en un modelo a seguir, y en la fuerza para cumplir ese modelo (1 Co. 6:17).
La Salvación obrada por Cristo Jesús es triple:
Nos salvó de la pena eterna del pecado; de principio a fin, nos salvó de TODOS nuestros
pecados (Mt. 1:21).
Nos salvó del poder del pecado; éramos esclavos del pecado, como naturaleza (Ro. 6:6), ahora,
el viejo hombre ha sido crucificado con Jesús y el creyente es liberado del poder presente del
pecado.
Nos salvará de la presencia del pecado (Ap. 21:27): estaremos salvos o libres de la presencia del
pecado cuando resucitemos y estemos para siempre con Él.
{{Ejercicio de comprensión bíblica: ¿Qué parte de Su alma (del alma de Jesús, hablando de
voluntad, emociones e intelecto) se manifiesta en Lucas 2; Juan 12; y Lucas 22?
Respuesta: Lucas 2:52 Intelecto; Juan 12:27 Emociones; Lucas 2:42-43 Voluntad.}}
III. EL MINISTERIO TERRENAL DE CRISTO
Ha sido justificado por el Espíritu Para desarrollar este tercer principio, es relevante considerar el Ministerio del Señor Jesús. Juan el Bautista conoció, por señal del descenso de la paloma, que Jesús era el Cristo (Jn. 1:14, 19, 30 y 32). Este es el testimonio de Juan. Esto fue revelado por Dios, confirmando la Verdad y el Pacto hecho a los padres (Ro. 15:8). Cuando el Señor fue bautizado por el Espíritu Santo, Cristo empezó a hacer milagros (Lc. 3:22; Hch. 2:22; 10:38). El Espíritu Santo justificó a Cristo como el Hijo de Dios. Esto fue vindicado por el Espíritu Santo (Ro. 1:4). El Espíritu Santo ratificó o justificó plenamente la pretensión de Jesús de ser el Hijo de Dios.
Acepciones de Justificar.- Salmo 19:9 En este pasaje, la palabra ‘Justos’ quiere decir “admirables y absolutamente perfectos”. Salmo 51:4 ‘Justificados’ Alabanza de justicia. Mateo 11:19 y Lucas 7:35 ‘Justificado’ da la intención de que “ellos le han honrado”: Nosotros, sus hijos. Lucas 7:29 ‘lo
Justificaron’ “reconocieron con la debida reverencia y gratitud la Gracia de Dios que contemplaron en Cristo”.
“Justificado por el Espíritu” se refiere a un reconocimiento Divino de nuestro Señor Jesucristo. “Justificación” es el reconocimiento que el Espíritu Santo hizo de quién era Jesucristo como el Hijo de Dios hecho hombre. Juan el Bautista hablaba y testificaba de Jesús como el Mesías, el Hijo de Dios (Jn. 1:6, 15, 19 y 29-34). La señal que él debía identificar en quien lo fuera, es que el Espíritu Santo posaría sobre Él, haciendo el reconocimiento público del Señor Jesucristo. Además, los cielos se abrieron y el Padre Celestial también lo declaró: “Éste es mi Hijo amado …” Él es el enviado de Dios; es el Mesías; Él es Emmanuel, Dios con nosotros. Al iniciar Su ministerio, debía ser lleno del Espíritu Santo, pero además, Cristo daría el Espíritu Santo a todo aquel que lo pidiese.
El Espíritu Santo vino sobre el Señor Jesús ratificándolo como el Cristo, hasta que cumplió los 30
años e iba a iniciar su ministerio (Ro. 1:4); por eso, ni en su niñez ni en su juventud hizo milagros.
Cristo tuvo que esperar hasta el tiempo señalado por Dios para cumplir su voluntad (Is. 61:1-3; Lc.
4:17-21; Jn. 1:32; Hch. 10:38). El Espíritu Santo estaba dentro y sobre Cristo, como corona.
{{Ejercicio bíblico: 1. ¿Cuál evangelio habla de la humanidad del Señor, de su nacimiento y su genealogía? R.- Lucas. ¿A partir de cuál capítulo se inicia la última semana? R.- Lucas 22. 2. ¿Cuál evangelio habla de la Deidad del Señor? R.- Juan. 3. ¿Cual evangelio empieza de lleno a describir el ministerio terrenal del Señor Jesús? R.- Marcos. 4. ¿En cuál evangelio se habla más de la última semana? R.- Juan. ¿A partir de cuál capítulo empieza a hablar de la última semana? R.-Juan 13.}}
Un segundo aspecto a entender es que Cristo fue justificado por el Espíritu porque nunca se halló pecado en Él. ¿Cuál fue el propósito de Su venida? R.- CUMPLIR SU MINISTERIO DE MUERTE PARA DARNOS VIDA. En realidad podemos ver ocho propósitos de su ministerio:
Él vino del cielo para mostrar las cosas celestiales (Jn. 16:28; 17:3-8, Jn. 3:12-13, 31-33).
Él vino a revelar al Padre (Jn. 8:26-27; 17:25-26). Vino a manifestar al Padre, porque en Él habita corporalmente la plenitud del Padre (Lc. 10:22; Jn. 15:15; 1:18).
Él vino a predicar Buenas Nuevas (Mt. 4:17; Mr. 1:15).
Él vino a liberar a los oprimidos del diablo; dar a los cautivos libertad (Lc. 4:16-21; Mt. 11:4-6). La enfermedad es una opresión, es esclavitud y cautividad: “Vayan y digan que estoy liberando …”
Él vino a cumplir la ley (Mt. 5:17; Jn. 18:38; He. 4:15; Mt. 26:54; Lc. 24:25-26, 44-46; I P. 2:22). El varón perfecto sí cumplió la ley. Pilato no encontró crimen en Él. No hubo falta en Él. Vino a hacer la cosa correcta. Vino a morir por nosotros. Sólo Cristo satisfizo la voluntad de Dios.
Él vino a vencer a Satanás (Jn. 12:31-33; Col. 1:12-13; I Jn. 3:8). Cristo venció al diablo en su propio terreno.
Él vino a dejarnos ejemplo (Jn 13:15; Mt. 11:29). El modelo perfecto al cual estamos siendo conformados hasta su semejanza. La mansedumbre es interna (Jn. 14:2; I P. 2:21; I Co. 11:1; He.12:2-3).
Él vino a morir por los pecadores (Ro. 4:25, 6:23, I P. 2:24, Jn. 11:49-52, He. 9:27-28, I P. 3:18, II Co. 5:21; Ro. 8:3). Él ya nos sanó; nadie puede ir al Padre, sino por el Hijo (Él es el camino). Cristo condenó al pecado en su propia carne (en el cuerpo de Jesús, el Hombre). Su muerte fue humillante y maldecida por Dios mismo (Gá. 3:13).
IV. LOS TESTIGOS DE SU OBRA
Ha sido visto de los ángeles En este punto, los aspectos relevantes son los siguientes: a) Su Nacimiento; b) Su ministerio y muerte; c) Su Resurrección, y d) Su exaltación: Jesús es el Señor,
a). Nacimiento de Cristo.- En primer lugar, el advenimiento del Mesías fue anunciado por ángeles: (Lc. 1:26-37; Lc. 2:6-15, Mt. 1:18-25). Una vez nacido en la tierra, los ángeles hicieron el anuncio público a un grupo de pastores (Lc. 2:6-17). Dieron testimonio de su niñez (Mt. 2:13 y 19-
22).
b). Ministerio y muerte de Cristo.- El ministerio de Cristo empieza a concluir con su entrada triunfal a Jerusalén, y enseguida viene la última semana de su vida terrenal. La última semana inicia con la entrada pública y triunfal de Cristo a Jerusalén (Zac. 9:9). Otro aspecto relevante de esa
semana es la Pascua celebrada por el Señor. En esa noche de Pascua, el Señor instituye la Santa Cena. Finalmente, viene la Pasión y muerte del Señor.
La muerte de Cristo fue un consejo y providencia o provisión de Dios. La Trinidad fue quien así lo determinó. Esta muerte de Jesús fue planeada por la Trinidad; así lo mostró Dios, de manera velada. Fue una muertev oluntaria, y Dios la mostró también de forma revelada. Fue una muerte
sustitutoria; finalmente Dios lo habló claramente. Fue también una muerte expiatoria; Dios lo mostró en figuras. Con su muerte, Cristo nos hace partícipes de Su Divinidad.
Cristo no murió víctima de las circunstancias (Hch. 2:23-26). Su muerte fue planeada por Dios mismo. Estaba escrito que Cristo habría de venir (I Co. 15:3). Cristo sabía a qué venía a esta tierra: a morir, porque estaba escrito y así sucedió. En Su infinita sabiduría, en el Concilio eterno, antes de la creación, Dios (la Trinidad) acordó la muerte del Señor, para la Redención del hombre. Su muerte fue voluntaria. Es falso creer que ya no le quedaba otra salida al Señor, excepto la de morir. (Lc. 22:22; I P. 1:19-20). Ya estaba determinado, desde antes de la fundación del mundo, que Cristo
habría de morir. Era necesario que él muriera; sólo así se cumplirían las Escrituras (todo el Antiguo Testamento: Moisés, los Profetas y los Salmos (Lc. 24:25-26, 44-46, Hch. 3:18; 4:27-28).
En el Antiguo Testamento se estableció que Cristo habría de morir. Él no murió por mala suerte ni por casualidad. Ya estaba determinada su muerte. Nosotros no somos salvos por casualidad, sino por predeterminación de Dios.
Su muerte fue voluntaria (Hch. 2:23). Aquel Consejo de Dios determinó su voluntad de morir. Esto puso a Cristo en la determinación de morir: “Abba Padre, todas las cosas son a ti posibles. Si es posible pasa de mi esta copa, pero no sea como yo quiero sino como tú quieres”. Por ello, entendemos que no fue una sorpresa para el Señor. El Padre le dijo “pon tu vida”, y el Señor afirmó “tengo poder para poner mi vida” (Jn. 10:17-18), esto habla de su Divinidad. Él tiene poder para poner su vida. Él tenía la posibilidad de no ir a la cruz (Mt. 26:53-54), pero su muerte era necesaria ¡Porque estaba haciendo un trabajo de Dios! Dios no tenía más alternativa para que su justicia quedara satisfecha. Es decir, era necesario que los pecados fueran castigados y saldados para acercarnos libremente a Dios. Cristo caminó con su voluntad libre. Tenía una opción, pero no la usó ¡Bendito sea el Señor! (Jn. 10:17-18) “Tengo poder para volverla a tomar” también habla de su
Divinidad. En otra versión de este pasaje leemos “esta vida mía la tengo sobre mis hombros …” (Mt. 27:50, Jn. 19:30). Él dio su Espíritu. Literalmente, “dejó ir su Espíritu”. En griego, ‘paridoni’ quiere decir “dejó ir”, “soltó”. Cristo sabía que después de su muerte física vendría el juicio (iría al
infierno): la ira de Dios y la ira del diablo se cernieron sobre el alma del Señor, en el infierno. Su angustia no era por la cruz, sino por el infierno. Cristo sabía que al soltar su Espíritu, todas las consecuencias del pecado serían sobre Él.
Dar significa entregar algo a otra persona. Cristo dio (entregó) su Espíritu al Padre Celestial. Siendo Dios, Cristo estaba poniendo su vida y nadie se la estaba quitando. Su Espíritu fue al Padre Celestial; su alma fue llevada al infierno; y su cuerpo fue puesto en una tumba. Nadie le presionó
para morir. Su muerte fue voluntaria. En su cuerpo y en su alma, llevó el pecado de toda la humanidad, pero en su Espíritu, él se movió en su Divinidad. En lo humano es imposible llevar el pecado.
Su muerte fue sustitutoria (Gá. 2:20d). “El cual me amó y se entregó a sí mismo…” Aquí aparece la entrega voluntaria de Cristo (Ef. 5:25 y 2). Él sabía lo que le habría de suceder y lo mostró en figuras (Is. 53:6; II Co.1:10, Jn. 2:4), él tomó nuestro lugar y TODOS nuestros pecados e iniquidades. Ésta es la descripción velada de Su muerte. El Padre Celestial puso TODOS nuestros
pecados e iniquidades en la humanidad de Jesús, porque Él vino a dar su vida en rescate por muchos (condenados por el pecado y la enfermedad. Mt. 20:28). Ésta es la base de la salvación Divina. El Buen Pastor su vida da por las ovejas.
La vida eterna que Él nos da es incondicional (Jn. 3:14-15). Él sabía que habría de ser levantado en la cruz, y lo dice en figura (Jn. 4:34). Él dice o refiere algo que está llevando a cabo y que va a terminar. La gente no lo entendía, pero Él hacía referencia a la obra de Dios y el final de su misión
y las consecuencias de ello.
Habla veladamente de que el esposo será quitado (Mt. 9:15,12:40). El Señor conocía la historia de Jonás y habló en figura de cómo habría de ir al Calvario y al infierno. Lo que estaba en el Antiguo Testamento era figura de lo que habría de sucederle.
Al hablar del Bautismo, habla de sepultura (Lc. 12:50). Muestra en su figura que va a morir y a consumar la obra de Dios (Lc. 13:32).
Su muerte fue expiatoria (Ro. 1:18). Cristo es el único que pudo cumplir la justicia de Dios. Él odia o abomina el pecado. Él ya juzgó severamente todos nuestros pecados en la cruz, en la persona de Cristo.
Su Nombre (Hch. 1:44, Jn. 14:26). El Espíritu Santo obra todas las cosas en el Nombre de Jesús. El Espíritu Santo es el representante legal de Cristo en esta tierra.
En todo esto, los ojos de los ángeles estaban puestos sobre el Mesías
¿Quién da testimonio de la ley? Los ángeles (Hch. 7:52-56, Gá. 3:19).
¿Cómo dieron testimonio de Cristo? Durante la tentación del Señor, los ángeles estuvieron como testigos, y después de que Cristo venció la tentación en sus tres niveles (físico, moral y espiritual), vinieron los ángeles y le servían (Mt. 4:11). Mirando al Señor Jesucristo en su posición humana (en su humillación), los ángeles vienen y le cuidan y le guardan y le sirven.
Los ángeles dieron testimonio del ministerio del Señor y de su relación con Dios (Jn. 1:51). Cristo hablando a Natanael le declara que los ángeles vienen y van continuamente a y de Él. Los ángeles estaban participando en el tiempo de humillación del Señor y traían testimonio al verdadero y único
Sumo Sacerdote eterno. Cristo, el Sumo Pontífice o Puente para llevarnos a Dios que está en el cielo y Cristo en la tierra.
¿Qué pasó durante Sus sufrimientos, en los momentos difíciles, en Gethsemaní? (Lc. 22:43). Vemos a los ángeles sirviendo en todo al Señor.
c). Su Resurrección.- La doctrina de Resurrección de Muertos nos llevará ampliamente por este sendero de la vida sobrenatural, pero en esta parte sólo veremos lo relevante de la resurrección de Cristo. El testimonio del ángel trae claridad a la confusión de los discípulos (Mr.16:5-8; Lc. 24:4-7
y 23; Jn. 20:11-13). El cuerpo no había sido robado. Los ángeles son testigos oculares de ello. Ellos son testigos de la resurrección del Señor (I Co. 15:20-22).
La resurrección de Cristo confirma que la justicia de Dios quedó satisfecha con el perfecto sacrificio de Cristo, ya que al no ser hallado pecado propio, al agotar nuestros pecados, se levantó de los muertos (1 Co. 15:14-19, 22, Col. 1:21-22, He. 9:28). La resurrección de Cristo garantiza nuestra resurrección. En Adán todos mueren. Nosotros llevamos una naturaleza adámica. Por tanto, estamos condenados a muerte. Pero estando en Cristo Jesús, seremos vivificados; seremos resucitados juntamente con Él. Cristo es el primogénito de los muertos; Él es el primero que resucitó de los muertos, para nunca jamás volver a ver muerte. Así, al resucitar nosotros, jamás volveremos a ver muerte.
Los apóstoles y discípulos del Señor testificaron la resurrección de jesucristo. Nosotros también somos testigos de esa resurrección. ¡¡¡NO ESTÁ MUERTO. HA RESUCITADO!!! (Hch. 1:3-5,13:33-34, Hch. 5:32).
El Arca del Pacto representa a Cristo (Éx. 25:18-22). Sobre el propiciatorio había dos querubines de oro mirando hacia la plancha de oro, donde era derramada la sangre por el Sumo Sacerdote salpicada siete veces sobre el asiento de misericordia, el día de la expiación (Lv. 16:14). La madera es un tipo de su humanidad. El oro es figura de su Divinidad. Los ojos de los querubines siempre estuvieron puestos en Cristo Jesús (Lc. 1:36-38).
No debemos caer en el error de la doctrina de los ángeles o doctrina angelical, pero tampoco debemos negar su existencia. De acuerdo a la Biblia ellos son ahora servidores de los creyentes que son herederos de la salvación (He. 1:14).
d). La exaltación de Cristo (Ro. 14:9). Él ha sido exaltado a la diestra de la Majestad en las alturas para cumplir todas las cosas (Ef. 4:10).
Dios se levantó de su trono y tomó el alma muerta de Cristo y le resucitó (Sal. 18). Después de resucitado, predicó cuarenta días con sus noches. Caminó al monte de los Olivos y, de ahí, fue tomado por el Padre Celestial a su diestra. Y Dios fue recibido en Gloria, Cristo Jesús, Él es el Rey de la Gloria”. Todos los ejércitos celestiales fueron conmovidos al ver al Bendito Hijo de Dios atravesar los cielos en señal de victoria (Sal. 24:7-10). Hubo una recepción muy especial para su Hijo, el Unigénito del Padre, lleno de Gracia y de Verdad; ahora también es lleno de Gloria. Cristo regresó vencedor a los cielos. Nunca nadie, después de haber muerto, había logrado entrar a los
cielos de Dios. Enoc y Elías fueron traspuestos para no ver muerte. Pero Jesús había muerto y ahora estaba resucitado. Y en los cielos había una gran expectación. Cristo atravesó los mismos cielos. El Apóstol Pablo, al escribir la epístola a Los Hebreos, declara que Cristo penetró los cielos; es decir, desgarró los cielos y fue más allá. Efesios 4:10, dice que Cristo se asentó sobre los cielos.
En la exaltación del Señor, hay varias cosas que se cumplieron:
a) El derramamiento del Espíritu Santo sobre toda carne (Jn. 7:37-39, Hch. 2:32-33).
b) La manifestación de los dones del Espíritu Santo (1 Co. 12:4, 7-11).
c) Dones Ministeriales; dones a los hombres (Ef. 4:11).
d) El sacerdocio inmutable de Cristo (He. 7:24-25, Ro. 8:34).
HUMILLACIÓN Y EXALTACIÓN DE CRISTO
En Filipenses 2:5-11 vemos siete pasos de descenso y siete pasos de exaltación de nuestro Señor. El Hijo de Dios dejó su trono de Gloria y, como Dios en sí mismo, se manifestó en carne en esta tierra: Se humanó. Él vivió una vida santa. Su ministerio principal se dirigía a la cruz del Calvario.
Aquella cruz lo vio morir, y de ahí fue desprendida Su alma para ser llevada al infierno. Su Espíritu fue al Padre y su cuerpo quedó clavado en la cruz y después fue puesto en la tumba.
En la esencia misma del misterio de la Piedad, el Señor muestra la humillación de Su Hijo. Cristo vino en humillación; se manifestó en carne para ser humillado, pero el otro extremo es su Gloria. Hay un intervalo entre la humillación y la exaltación del Verbo Encarnado: Su muerte, sepultura y resurrección.
En nuestra vida debe haber humillación, muerte al ‘yo’, sepultura y, entonces, Dios nos dará resurrección. La Gloria de Dios nos dará resurrección. También somos hijos como nuestro hermano Primogénito, Cristo.
Pedro menciona el nombre de humillación (Jesús, al cual Dios ha levantado de entre los muertos, para ser exaltado) (Hch. 2:32-33 y 24, Hch. 5:31; Fil. 2:8-9). A Jesús, Dios lo ha resucitado y lo ha ensalzado porque Cristo se humilló. En estas tres referencias bíblicas podemos ver la humillación de un hombre: Jesús, vemos su muerte humillante, pero también su exaltación (Fil. 2:5-11). Veamos los siete pasos de su descenso y los siete pasos de su exaltación:
Filipenses 2:5-8
Filipenses 2:9-11
1º Se anonadó: se hizo nada; se vació. V. 7a
1º Dios le ensalzó a lo Sumo. V. 9a
2º Tomó forma de siervo. V. 7b
2º Diole un hombre que es sobre todo
nombre. V. 9b
3º Se hizo semejante a los hombres. V. 7c
3º Para que en el Nombre de Jesús se doble
toda rodilla de lo que está en los cielos. V.
10a
4º Hallado en condición como hombre. V. 8a
4º De los que en la tierra. V. 10b
5º Se humilló a sí mismo. V. 8b
5º de los que debajo de la tierra. V. 10c
6º Hecho obediente hasta la muerte. V. 8c
6º Que toda lengua confiese que Jesucristo es
el Señor. V. 11a
7º Y muerte de cruz. V. 8d
7º A la Gloria de Dios Padre. V. 11b
V. LA GRAN COMISIÓN
Ha sido predicado a los gentiles
En este punto, debemos considerar los nueve aspectos de La Gran Comisión.
Predicación desde el principio.- La predicación de Cristo ha sido desde antes de su advenimiento, En Génesis 3:15, Dios anuncia al que habría de venir. Abel conoció este Mesías y creyó a Cristo sin conocerle y confió que habría de venir a redimirle de sus pecados. Por ello, Abel ofreció un cordero
de su rebaño, para identificar al Mesías (Gn. 4:4).
Abraham recibió la promesa del Mesías y vio la gloria de Cristo (Jn. 8:58). Cristo fue anunciado desde el Antiguo Testamento. Moisés recibió los planos del tabernáculo, y éste habla de Cristo en todos sus muebles: Cristo es la puerta; Él es la víctima perfecta del Altar de Bronce; Él es la Palabra
que nos limpia, a la manera de la fuente de metal; Él es el Sumo Sacerdote que ministra por nosotros ante Dios. Cristo es la tienda del Tabernáculo con sus cubiertas de pieles de tejón, mostrando su humanidad, y las pieles de cabra mostrando su sacrificio por nosotros; y el cielo del Santuario, azul, nos habla de su Divinidad. La mesa de los panes muestra a Cristo, el Pan de Vida, el verdadero maná que descendió del cielo. El Candelero de oro nos habla de su luz alumbrando nuestro camino y alumbrando a través de nosotros a este mundo. En el altar de incienso, Cristo se muestra como el ejemplo perfecto de alabanza (tal y como lo muestra el Salmo 22). El velo es
figura de su cuerpo desgarrado para abrirnos una camino nuevo y vivo al Padre Celestial (He. 10:20). Finalmente, el Arca del Pacto muestra diferentes figuras de Cristo: Una de ellas es el propiciatorio recibiendo la sangre de la expiación. También, sobre el arca posaba la columna de fuego y en ella estaba el Ángel de Jehová, el cual es Jesucristo. (Sal. 68:24; He. 4:2; I Co. 10:11 y 4). El pueblo de Israel fue evangelizado como nosotros, ellos conocieron el evangelio en figuras y nosotros en verdades reveladas.
Job conoció de su Redentor: “Yo se que mi Redentor vive y aún desecha esta mi carne le he de ver con estos ojos y no otro” (Job 19:25). Job habla de Jesucristo porque desde el Antiguo Testamento, el Señor ya era predicado como el Redentor o Salvador. El Salmista se refiere al Salvador también
como su roca y su redentor. En el Salmo 78:35 se menciona a Dios como el Redentor de Israel. El profeta Isaías tuvo la visión del Salvador en el Siervo doliente del capítulo de oro de la Biblia: Isaías 53. Los versículos 1 y 2 muestran el anuncio del evangelio de Cristo como el renuevo o pimpollo, pero al mismo tiempo como la raíz de tierra seca. En Isaías 61:1-2 se hace el anuncio del Mesías que viene a cumplir siete propósitos y el cumplimiento de esta escritura se da en Lucas 4:16-21.
Antes de Isaías, David recibe el anuncio del Cristo que habría de nacer de sus lomos (Mt. 22:42-45; 1:1). David también anunció al Mesías, a través de los Salmos mesiánicos. Ejemplos de ello los encontramos en los Salmos 16, 18, 22, 23, 24, 69 y 88. En ellos, el Salmista anuncia los sufrimientos que habría de padecer el Cristo, pero también hace referencia a su Gloria.
Cristo Jesús es quien divide la historia de la humanidad. Él vino a lo suyo y los suyos no le recibieron, mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios (Jn. 1:12).
Pedro nos habla de los espíritus encarcelados, que son los santos del Antiguo Testamento que creyeron en el que habría de venir (I P. 3:19). Balaam, el profeta gentil, profetizó (y su profecía fue una predicación) de Jesucristo (Nm. 24:17). De hecho, todos los profetas del Antiguo Testamento
predicaron del Mesías que habría de venir (Hch. 3:18, 24; 13:29; 26:22-23).
a) La Gran Comisión.- Al finalizar su ministerio, Cristo establece la Gran Comisión (Mt. 28:18-20, Mr. 16:15-16), de ir y anunciar el Evangelio a toda criatura. De anunciar las nuevas de gran gozo “que ha nacido en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor” (Lc. 2:10-11). Este ministerio de anunciar al Verbo Encarnado empezó, con una nueva dirección, el día de Pentecostés (Hch. 2:22-38). Antes, Cristo fue predicado en figuras; hoy es predicado que Cristo se ha humanado, ha muerto, fue sepultado, pero se ha levantado de entre los muertos para nunca jamás volver a ver muerte. Y Él es Señor Cristo por la eternidad.
La Gran Comisión se forma de nueve principios, separados en dos grandes grupos: Cinco Beneficios y Cuatro Mandamientos (Mt. 28:18-20 y Mr. 16:15-20). Los cinco Beneficios: 1. Echar fuera demonios (Hch. 16:18). 2. Hablar nuevas lenguas (Hch.2:1-12; 4:31; 10:44-46; 19:6). 3. Quitar serpientes (Hch. 28:3-6). 4. Beber cosa mortífera sin que nos dañe. 5. Poner las manos sobre los enfermos y que estos sanen (Hch. 27:8; Stg. 5:14).
Los cuatro Mandamientos: 1. Ir y predicar a todos los gentiles (Hch. 13:42-49; 15:7-9, 12). 2. Adoctrinarlos (Hch. 2:42 y 46; 6:2 y 7; 11:19-26; 14:21-22). 3. Bautizarlos en el Nombre del Padre,del Hijo y del Espíritu Santo (Hch. 8:38-39). 4. Enseñándoles que guarden todas las cosas que el Señor nos ha mandado (Hch. 20:27; II P. 1:12; I Jn. 1:1-5; 2:7, 21 y 28; Fil. 3:1).
VI. EL DISCIPULADO
Ha sido creído en el mundo
Este principio nos muestra el camino del Discipulado con sus tres propósitos para la Iglesia de Jesucristo: a) Habitación de Dios en el mundo; b) Revelación de Su Palabra, y c) Propagación del Evangelio.
En el Antiguo Testamento hubo quienes creyeron en el Mesías y fueron guardados en el Seno de Abraham o Paraíso, hasta en tanto viniese el verdadero Sumo Sacerdote que habría de morir por ellos y de redimirles de sus pecados (I P. 3:19). El Seno de Abraham era el lugar de refugio de los
redimidos del Antiguo Testamento (Lc. 16:23-26). El pasaje es muy elocuente: el joven rico podía ver el Seno de Abraham, donde se encontraba Lázaro recibiendo consolación. Sin embargo, entre el Seno de Abraham y el infierno había una sima profunda. De esta manera, podían verse estas dos
secciones del Inframundo, pero no había comunicación o camino entre ambas). Este Seno de Abraham es la cautividad de la cual habla el Apóstol Pablo en Efesios 4:8-10 y profetizada en el Salmo 68:18. Cristo llevó cautiva la cautividad: El Seno de Abraham estaba cautivo en el Inframundo. El Seno de Abraham no era un lugar de tormento, sino un lugar de reposo y consolación, a la manera de las seis ciudades de refugio del Antiguo Testamento dadas por Dios a Israel (Éx. 21:13; Nm. 35:6, 11 y 14; Dt. 19:2-6; Jos. 20).
Estas ciudades fueron dadas en una dispensación de la Gracia dentro de la ley. A ellas acudían los homicidas por yerro. Aquellos que no tenían enemistad con el muerto, ni deseaban su muerte pero, por accidente les quitaban la vida, debían huir a la ciudad de refugio más cercana y dar a conocer su causa a los ancianos de la ciudad. Una vez admitido en la ciudad de refugio, el homicida debía permanecer en ella hasta la muerte del Sumo Sacerdote. Entonces, todos eran libres y podían regresar a sus hogares.
Esto es figura de la ciudad de refugio llamada Seno de Abraham, donde permanecían todos los que habían creído al Señor antes de que viniese a esta tierra. Evidentemente, el Sumo Sacerdote es Jesucristo, quien al morir, subió a lo alto y llevó, ante el Padre Celestial, cautiva la cautividad del Seno de Abraham. Fue un hermoso Jubileo para aquellos santos. Cristo, por Su Espíritu Eterno, llegó al Seno de Abraham y se presentó como el Redentor en el cual habían creído sin conocerle y sin aún haberse encarnado. Entonces, el Seno de Abraham se llenó de gran gozo y alegría, era su
Jubileo, ellos iban a casa, a morar con el Padre Celestial.
Después de su glorioso ministerio en esta tierra, miles de millones de gente han entregado su vida a Cristo. El personaje más mencionado en toda la Historia de la humanidad es Jesucristo. Él aún es predicado y es creído de las gentes. Pedro predicó el día de Pentecostés y fueron añadidas a la
Iglesia como tres mil personas (Hch. 2:41). Después, al subir a la puerta del templo La Hermosa, a orar, Pedro y Juan, Dios obró un milagro. El cojo que se sentaba a mendigar fue sanado de sus piernas; y era cojo de nacimiento. Entonces, Pedro volvió a predicar y se convirtieron como cinco mil varones, sin contar mujeres y niños (Hch. 4:4). Después, a raíz de la intolerancia religiosa, los hermanos oraron a Dios y fueron llenos del Espíritu Santo y hablaron la Palabra con confianza y el número de los discípulos creció (Hch. 4:31; 6:1).
Después vino la persecución declarada a la Iglesia; así que muchos creyentes salieron de Jerusalén anunciando el Evangelio por las ciudades (Hch. 8:4) y Felipe, el Evangelista, descendió a Samaria predicando a Cristo, y toda Samaria fue conmovida (Hch. 6:5-8) y se levantaron muchas iglesias
locales en Samaria gracias a que creyeron en el Nombre del Señor. El mismo Felipe fue y le predicó a un Etíope, eunuco, Gobernador de Candace, reina de los Etíopes, y el eunuco creyó y se bautizó (Hch. 8:26-39). Después, el Espíritu Santo llevó a Felipe a predicar en Azoto y por todas la ciudades de la región hasta llegar a Cesarea (Hch. 8:39-40).
Cornelio, el centurión, junto con su familia, amigos y vecinos, fue visitado por Pedro, y al escuchar el Evangelio de Jesucristo, creyeron y fueron llenos del Espíritu Santo (Hch.10:44, 47-48). Los demás esparcidos, por la persecución, anduvieron la Fenicia, Chipre y Antioquía, y anunciaron el
Evangelio de Jesucristo en Antioquía y gran número creyó y se convirtió al Señor (Hch. 11:19-23). Después de ser liberado milagrosamente de la cárcel, Pedro tuvo que andar las regiones de el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bithinia (Hch. 12:17, I P. 1:1-2), donde obviamente predicó el Evangelio y Dios levantó muchas iglesias de santos fieles que creían a esta Palabra.
Saulo de Tarso, después de perseguir a la Iglesia del Señor y de atrapar a los santos para llevarlos a la cárcel, fue a su vez atrapado por el Señor (Hch. 9:3-6, 17-18). Entonces, la actitud de Saulo cambió y él mismo empezó a predicar a Jesucristo, causando confusión entre los judíos que se oponían a la Iglesia (Hch. 9:20-22). Pablo vino a ser uno de los misioneros de la primera centuria.
Su viajes y sus cartas ilustran en gran manera cómo era creído el Señor en todo el mundo conocido en aquella época: Seleucia, Chipre, Salamina, Papho, Perge de Panphilia, Antioquía de Pisisdia e Iconio (Hch. 13 y 14), Listra y Derbe. En todas estas ciudades, se levantaron iglesias cristianas
neotestamentarias, por la predicación de los apóstoles. Posteriormente, Bernabé junto con Juan Marcos, navegaron hacia Chipre. En tanto, Pablo y Silas recorrieron Siria, Cilicia, Derbe, Troas, Samotracia, Neápolis y Filipos (Hch. 15:39-41; y 16).
En Filipos, Lidia y su casa creyeron al Evangelio; también el carcelero y toda su casa (Hch. 16:13-15; 30-34, 40). Enseguida Amphípolis, Apolonia, Tesalónica (Hch. 17:1), Berea (Hch. 17:10), Atenas (Hch. 17:16-34), Corinto (Hch. 18:1), Efeso (Hch.19:1), Macedonia, Acaya y Grecia (Hch.19:21; 20:1-2). Al escribir a la iglesia de Roma, Pablo hace mención de cómo, desde Jerusalén hasta Ilírico él había llenado del evangelio de Cristo (Ro. 15:17-20), sin considerar todos los lugares visitados por los demás Apóstoles, los cuales también habían estado trabajando en la obra del Señor. De igual manera, debemos considerar la obra del ministerio quítuple. La Biblia no describe cómo se levantaron muchas otras iglesias por la predicación de los demás Apóstoles, Profetas, Evangelistas, Pastores, Maestros, Ancianos, Diáconos, Ayudas y Gobernaciones. Además de la predicación y el testimonio de todos los fieles seguidores de Cristo.
La historia de la iglesia cuenta que Pedro realizó trabajo evangelístico y misionero entre los judíos y llegó hasta Babilonia. De Juan, el discípulo amado, se dice que trabajó entre las iglesias de Asia Menor. Andrés predicó en Escita, Grecia y Asia Menor. Felipe predicó en Frigia y murió en Hierápolis como mártir. Bartolomé fue misionero en Armenia. Tomás trabajó en Partia, Persia e India; y sufrió martirio cerca de Madrás. Mateo (Leví) murió como mártir en Etiopía. Jacobo, el Menor, predicó en Palestina y Egipto. Judas Lebeo predicó en Asiria y Persia. De Matías, se dice
que predicó en Etiopía, donde sufrió el martirio.
Falta espacio para hacer mención de la gran obra misionera que Dios ha extendido a lo largo de la Historia y del mundo. Países completos se han conmovido ante la predicación del Evangelio.
¡¡¡DIOS HA SIDO CREÍDO EN EL MUNDO!!!
VII. SU SACERDOCIO ACTUAL Y SU SEGUNDA VENIDA
Ha sido recibido en gloria
Este último principio nos muestra la Autoridad Divina y la Gloria de Dios, así como su retorno por su iglesia, cuando se hayan cumplido las cosas en ella.
Cristo fue levantado al cielo. Actualmente, Él habita el tercer cielo y vive siempre para interceder por todos los santos (He. 7:25, 8:1-2, 6, 9:24, 10:12-13).
Cristo exaltado está en capacidad de cumplir todas las cosas (Ef. 4:10).
Está exaltado en gloria como cabeza de la Iglesia (Ef. 1:20-23).
Esta en dominio en su trono, esperando que la iglesia ponga a todos sus enemigos por estrado de sus pies (1 Co. 15:22-28, Ef. 6:10-13).
El fue a preparar el lugar para la iglesia gloriosa que reinará con Él (Jn. 14:1-3).
El volverá a esta tierra por su iglesia (Hch. 1:9-11). Este retorno se verificará en tres fases: El rapto de las primicias (Mt. 24:27-28), la gran cosecha de creyentes (Mt. 24:29-31), y su retorno para pisar la tierra y salvar a las reliquias de Israel y establecer su reino milenial (Ap. 7:2-4).
La Iglesia debe tener expectación: el Señor viene otra vez (I Co.16:22; Fil. 4:5).
Maranatha es una expresión del Griego antiguo que significa “¡¡El Señor Viene!!” (1 Co. 16:22-23).
La Santa Cena es un Sacramento instituido por el Señor para anunciar su muerte, hasta que Él venga, es decir, para prepararse para su venida (I Co. 11:24-26, I Ts. 4:16; Ap. 1:7; Dn. 7:13; Zac. 12:10-14).
La iglesia que es su Esposa, junto con el Espíritu Santo, ora y dice: Ven Señor Jesús. Porque eso traerá a cumplimiento todas las cosas que están pendientes para que la iglesia esté lista para ir a las nubes al encuentro de su Señor (Ap. 22:17, 20).
El apóstol Pedro recibió las llaves del Reino, o principios que nos dan acceso al Reino de Dios, verdades básicas o rudimentos del Evangelio que son la leche espiritual que debe alimentarnos al inicio de la nueva vida en Cristo (1 P. 2:1-3); también sabemos que San Pablo habla en sus epístolas de las mismas cosas, desarrollándolas más ampliamente (2 P. 3:16). Así que vamos a introducirnos al tema de las siete verdades clave, partiendo de las siete doctrinas básicas o rudimentos y encontramos enlistadas por orden en Hebreos 6:1-3.
«Por tanto, dejando la palabra del comienzo en la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando
otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, y de la fe en Dios, de la doctrina de bautismos, y
de la imposición de manos, y de la resurrección de los muertos, y del juicio eterno. Y esto haremos a la verdad,
si Dios lo permitiere»
Las primeras doctrinas que debemos conocer bien como cristianos, son estas siete, mencionadas por el apóstol Pablo como palabras del comienzo. Para tener una visión panorámica de las verdades carne o vianda firme a las que el apóstol se refiere, para así poder ir adelante a la perfección, y su relación con la voluntad de Dios. El siguiente esquema nos muestra las siete
doctrinas fundamentales o leche espiritual para crecer en salud:
ESQUEMA 1: VERDADES “LECHE” O RUDIMENTOS DE LA DOCTRINA
Es importante la recomendación que Pablo dio a Timoteo acerca de la sana doctrina que le enseñó, diciéndole que retuviera la forma de las sanas palabras que le escuchó enseñar (2 Ti. 1:13), no le dijo que retuviera las sanas palabras solamente, sino la forma. Pablo hace referencia, como un perito arquitecto que era, a la forma en que un edificador debe leer los planos constructivos para llevar a cabo un edificio. La palabra en griego traducida como forma, es hupotuposis, que significa esquema, plano o patrón, es decir, Pablo le dice que retuviera el esquema, o estructura en que les había enseñado la sana doctrina, presentada en un plano constructivo general del cual se pueden desprender los detalles sin perder la visión integral. De no hacerlo así, las preciosas verdades de la doctrina pudieran verse sueltas o deshilvanadas unas de otras, y por lo tanto perder su balance. Más adelante Pablo le exhorta también a que al entrar en los detalles, lo haga bien, de modo que no tenga de qué avergonzarse (2 Ti. 2:14). La palabra griega traducida como trazo es Orthotomeho, que significa disectar o efectuar un corte preciso, es decir, que al entrar en los detalles estos correspondan exactamente a lo mostrado en el plano general.
Las siete Verdades Clave o llaves de la revelación carne, que sirven para abrir los siete sellos y darnos acceso a las cosas profundas que sólo Cristo puede compartirnos para llevarnos a la plenitud (Ap. 5:1-10), fueron los temas que Pablo abordó al escribir cada una de sus epístolas a las siete iglesias gentiles que él apostoló: de Roma, de Corinto, de Galacia, de Éfeso, de Filipos, de Colosas y de Tesalónica. Es importante también saber que la forma en que está estructurada la epístola a Los Hebreos, corresponde a estas siete llaves, las que el apóstol también pudo compartir con su pueblo, que conocía el simbolismo del Antiguo Testamento. Es por eso que también podemos referirnos a dichas figuras del Antiguo Testamento, para comprender que ilustran en forma armónica estas siete doctrinas “carne”; además se pueden comparar con las siete columnas de la casa que la Sabiduría edificó, según Proverbios 9:1-6, ya que Cristo mismo es la Sabiduría que junto con el Padre estuvo creando y ordenándolo todo (Pr. 8:22-31). El Salmo 23 nos muestra también estas siete verdades clave, y además otros pasajes de las Sagradas Escrituras. Con todo ello, podremos estar seguros, que no son verdades sueltas, sino perfectamente estructuradas, ya que el siete en la Biblia, es símbolo de perfección o plenitud, y al corresponder a él, estas doctrinas están completas y además cumplen el propósito de llevarnos a la plenitud.
1.- La primera doctrina “leche” nos enseña quién es Cristo, nuestro Salvador y Señor, Él es la Palabra de Dios hecha carne (Jn. 1:1-3, 14), es Dios mismo manifestado como un ser humano (1 Ti. 3:16). Sabemos que el Señor es el modelo perfecto de lo que Dios quiere del hombre (Jn. 13:15, 15:8, 1 P. 2:21, Ef. 4:20-21, 5:1-2). Sabemos también que El no vino a abrogar la ley
sino a cumplirla (Mt. 5:17). El misterio de la piedad nos es revelado por medio de la doctrina de Cristo, doctrina fundamental, eje de todas las demás doctrinas, porque nos centra en Quién es Él y lo que hizo, lo cual no puede ser contradicho: Que Cristo es Dios manifestado en carne; que fue justificado con el Espíritu; visto de los ángeles; predicado á los Gentiles; creído en el mundo, y recibido en gloria (1 Ti. 3:16). Comprender cada uno de los siete aspectos mencionados por el apóstol, es esencial para avanzar en las demás doctrinas básicas y posteriormente a las doctrinas vianda sólida que nos llevarán adelante a la perfección.
Conocer la Doctrina de Cristo es la «leche» que nos permitirá comprender las Verdades del Orden Divino, Dios quiere qué lo que el Señor Jesús inició, nosotros lo continuemos en la manera que Él lo hizo, en el tiempo correcto y con la ayuda correcta. Dios es un Dios de Orden y la iglesia que pretenda cumplir la Gran Comisión, deberá conocer el Orden que Dios estableció para la vida personal, para la familia, para la iglesia y para el ministerio (1 Co. 12:31, 14:33, 40; 1 Ts. 5:14, 2 Ts. 3:6, 11-15).
2.- La segunda doctrina básica que se desprende de la doctrina de Cristo es la del Arrepentimiento de Obras Muertas. El arrepentimiento involucra la mente, los sentimientos y la voluntad, es decir, la razón se da cuenta que está equivocada, al corazón le duele de haber fallado, y la voluntad gira en sentido contrario al que se llevaba, es por eso que implica un cambio
radical de estilo de vida, abandonando la mundana manera de vivir para volverse a Dios. Algunos, después de arrepentirse, se vuelven al engaño de la vida religiosa, que logra un cambio basado en el esfuerzo propio, olvidando que éste siempre produce obras muertas ya que son producidas por la vida natural y no por andar en el espíritu (Ro. 8:8, 12-13).
El reposo viene con el perdón que Dios regala al que se arrepiente y cree, pues la Sangre de Cristo limpia su conciencia de las obras muertas para poder servir al único Dios vivo y verdadero (He. 9:14), por lo mismo no debemos ceder jamás a la tentación de volver a vivir en nuestro esfuerzo, en vez de disfrutar del poder de su gracia.
Cesar de obrar en nuestras fuerzas es entrar en el Reposo de Dios (He. 4:9-11); es únicamente por medio de la gracia que se van a lograr sus propósitos en el creyente (2 Ti. 2:1). El Reposo es por fe para que sea por gracia y no por obras (Ro. 4:16, 11:6). Las obras del creyente deben ser las obras de Dios en él; no para alcanzar su favor, sino porque ya lo tiene; son fruto de
su gracia, por fe y para su gloria (Ef. 2:8-10). Dios no nos quita su yugo, nos da su gracia para aprender a llevarlo con reposo (Mt. 11:28-30). Reposo no es hacer nada, sino hacer la voluntad de Dios en fe; no es bajar el estándar para que se nos facilite 3 alcanzarlo, sino recibir los recursos espirituales para lograr cumplirlo. No es que no enfrentemos problemas, sino tener la paz de Dios en medio de la más fuerte oposición a hacer lo correcto (Hch. 20:22-24).
Las Verdades del Reposo, son siete maneras de entrar en él y la gracia es el medio para alcanzar la madurez, su punto de partida es la doctrina del Arrepentimiento de Obras Muertas, que son todas aquellas, malas y buenas, que realizamos basados en nuestra propia capacidad natural.
El creyente puede edificar con seis materiales diferentes, tres prefiguran lo que él puede hacer por sí mismo y los otros tres, lo que puede hacer en Dios (1 Co. 3:11-15): La madera representa las buenas obras del esfuerzo propio dedicadas a Dios; el heno, una planta parásita que se utiliza como ornato, representa las obras de aquellos religiosos cuyas raíces no están en
Cristo, que están más preocupados por la opinión de la gente que de agradar a Dios, llenos de tradiciones y actividades copiadas del mundo, tales como: Navidad, Semana Santa, pastorelas, celebración de 15 años, etc.; y la hojarasca, como desecho de las plantas, puede ilustrar las obras malas hechas con hipocresía, como comerciar con el evangelio, edificar un
reino propio, tolerar y/o practicar el pecado como forma de vida, tales como la mentira, el robo, las groserías y cosas peores que Dios nos exhorta a mortificar por el espíritu, para poder heredar el Reino de Dios (Ro. 8:12-13, Gá. 5:21, 1 Co. 6:10). Todas éstas obras, buenas y malas, son carnales y la prueba de fuego lo demostrará. En cambio, el oro es tipo de lo divino, la
plata de la redención que nos introdujo en la gracia y las piedras preciosas de los regalos del Espíritu Santo que dan gloria y belleza a las obras espirituales; estos materiales al ser pasados por fuego no se queman sino que lucen más brillantes, así las obras del creyente hechas en el espíritu, la prueba demostrará que son obras de Dios y sólo ellas serán recompensadas.
3.- El tercer rudimento doctrinal es, Fe en Dios. Certeza, confianza plena, convicción que da al creyente total seguridad (Mr. 11:22). La fe no es ciega, es más bien visión espiritual (2 Co. 5:7); es la capacidad de ver las cosas como Dios las mira, es saber en quién hemos creído y de lo que es capaz (1 Ti. 1:12). La fe tiene cuatro manifestaciones:
La primera es la fe creativa, es el don de fe por el que recibimos la Salvación (Ef. 2:8), es dada con medida diferente a cada uno (Ro. 12:3). A algunos le es dada como una herramienta especial que les permita servir a Dios conforme a su vocación, es decir, uno de los nueve dones del Espíritu Santo para edificación de la iglesia (1 Co. 12:9).
Una segunda manifestación es la fe doctrinal, la que fundamenta al creyente, es en qué se cree (Hch. 6:7, Jd. 4, Col. 2:7). Por esta clase de fe es que podemos estar firmes, permanecer en la Verdad y ser estables, es una fe confesional, que cree la Palabra de Dios, por la fe la entiende y la confiesa (Ef. 4:14, He. 11:3).
La tercera es la fe como fruto del Espíritu (Gá. 5:22), aquella que se desarrolla en el creyente como parte de su carácter, la fe de Cristo que se manifiesta más a medida que el cristiano madura y se parece más a Él.
La cuarta manifestación de la fe es la que está consciente de Dios, nos permite mirar las cosas celestiales, es uno de los cinco sentidos del espíritu regenerado, la vista espiritual de la nueva criatura (2 Co. 4.18, 5:7, Ro. 8:24, He. 11:1, 13, Col. 3:1-2).
Es claro que la fe es la base de la obediencia y por ende de la autoridad, por lo tanto, conocer esta doctrina del comienzo, nos permitirá comprender la doctrina firme de las Verdades Vencedoras, que permiten que el creyente camine seguro, en victoria, bajo la protección de la gracia divina, que se derrama sobre todo aquel que cree (2 Co. 2:14-16, Ro. 8:35-37), para
que pueda responder a cada uno de los siete llamamientos del Espíritu Santo y poseer los galardones que Dios preparó para los vencedores (He. 10:34-39).
4.- La cuarta enseñanza básica en esta visión panorámica, es la Doctrina de Bautismos; algunos se confunden cuando miran en el pasaje de la unidad, que habla de un bautismo (Ef. 4:3-6), sin embargo, no notan que en realidad habla de una tri-unidad, porque habla de un Espíritu, de un Señor y de un Dios y Padre nuestro, de hecho el bautismo en agua se debe realizar en el
nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (Mt. 28:19), porque uno de sus propósitos es representar los bautismos interiores que previamente ha experimentado el creyente; así que la doctrina de bautismos de Hebreos 6, no contradice lo aseverado en Efesios 4, sino que lo explica y muestra cómo es que abarca todo nuestro ser, que siendo a la imagen del Dios trino, tiene tres áreas o esferas de relación: espíritu, alma y cuerpo (1 Ts. 5:23):
Nuestro cuerpo está en relación con el mundo material.
Nuestra alma está en relación con nuestros semejantes y el mundo personal.
Nuestro espíritu está en relación con el reino de Dios que es espiritual.
La palabra baptism significa en griego sumergir, para poder diferenciar los bautismos a los que la Biblia se refiere, se requieren identificar tres cosas: Quién bautiza, a quién se bautiza y en qué se bautiza. Así que Dios tiene un bautismo para cada área de nuestro ser:
El espíritu de la persona es bautizado en Cristo por el Espíritu Santo, en el momento de nacer de nuevo y por lo tanto su espíritu es regenerado (1 Co. 12:13), el elemento bautismal es Cristo, su Nombre o naturaleza, el Espíritu de Cristo, por eso el espíritu del creyente se hace uno con el de Él (1 Co. 6:17), es decir, el que ha sido bautizado en Cristo, de Cristo está revestido
(Gál. 3:27), en ese momento es hecho hijo de Dios, porque es sumergido en el lavacro de la regeneración espiritual (Tit. 3:5); lo que también significa que ha nacido del Espíritu (Jn 3:6-8). Es por eso que podemos afirmar que todo aquel que no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de Él (Ro. 8:9-10).
Al ser salvo, el alma del nuevo creyente está apta para recibir el segundo bautismo que Cristo preparó para sus discípulos (Jn. 14:17, 1:32-34), en esta segunda experiencia, el que bautiza es Cristo, a quien bautiza es la hijo de Dios, al nuevo creyente, y el elemento bautismal es el Espíritu Santo, en el que es sumergido y lo llena, dotándolo del poder necesario para emprender su nueva vida en la voluntad de Dios (Lc. 11:13, Hch. 1:5, 8, Lc. 24:49).
El cristiano debe iniciar ahora su camino de obediencia voluntaria o discipulado, es por eso que debe solicitar ser bautizado en agua, para testificar que su vida cambió al nacer de nuevo y quiere seguir a su Señor (Mt. 28:19), entonces el ministro, como representante de Dios, es quien lo sumergirá en el agua, simbolizando con ello lo que pasó cuando fue salvo y también prefigurando cuando fue lleno del Espíritu Santo, además, con ello también da testimonio que tiene la esperanza viva que su cuerpo resucitará y que todo su ser: espíritu, alma y cuerpo, irán a la presencia de Dios en aquel día (1 Ts. 4:14-18, 5:23, Ro. 8:23-25).
Cuando tenemos clara la doctrina de bautismos, tenemos las bases para comprender la doctrina de las Verdades del Calvario, porque del sacrificio de nuestro Redentor, vienen todas las bendiciones de Dios. Cristo hizo en la cruz la perfecta provisión para todo nuestro ser, mediante un séptuple pacto; sus diferentes sufrimientos proveyeron abundantemente a nuestro espíritu, alma y cuerpo, todo lo necesario para que estemos cumplidos en Él (1 P. 1:11, Col. 2:10).
5.- Imposición de manos es la quinta doctrina elemental, cada creyente recibió la potestad de ser hecho hijo de Dios (Jn. 1:12). En primer lugar, nuestras manos deben ser instrumentos de justicia, presentados a Dios mediante nuestro culto: Alzándolas y palmeando, para presentar nuestra alma a Él (Sal. 47:1, 63:4, 141:2, 143:6). En la medida que cumplimos nuestro sacerdocio neotestamentario, recibimos la gracia de Dios que después podremos dar al bendecir al pueblo de Dios. Nuestras manos son así instrumentos de bendición, como Padres, como creyentes y como ministros, estamos dotados de poder con el propósito de que podamos cumplir la voluntad de Dios (Mr. 16:17).
Cuando uno conoce este rudimento, podrá comprender que hay una doctrina sólida de Verdades de Dominio, que no sólo nos enseña cuales son los siete recursos que Dios puso a nuestra disposición, sino además, los siete reinos sobre los cuales podemos ejercerlos.
6.- La siguiente enseñanza básica es la Resurrección de los Muertos, sabemos que todos los hombres, salvos y perdidos, van a resucitar, pero no al mismo tiempo (Jn. 5:28-29); ni siquiera todos los cristianos van a participar juntos de la resurrección, sino que hay algunos que van a resucitar primero que el resto de los creyentes (1 Ts. 4:15 a 5:11, 1 Co. 15:22-24).
Comprender el porqué de estos diferentes eventos, es capital para que un creyente pueda ir adelante, para conocer las Verdades de la Salvación, que muestran el propósito pleno o completo de la gracia de Dios para el hombre (2 Co 1:10), que fue creado a su imagen, que está siendo transformado a su semejanza, y que un día será revestido de incorrupción, ya sea por la resurrección, o bien porque esté aún vivo cuando Cristo venga por la gloriosa iglesia que será su Esposa.
7.- Juicio Eterno es la séptima doctrina del comienzo, es necesario conocer que hay 12 juicios principales en la Biblia, distinguir sus diferencias en tiempo, lugar, juez, juzgado, objeto del juicio y sentencia, nos permitirá dividir correctamente las edades o etapas de relación entre la humanidad y Dios.
Las Verdades Dispensacionales nos ubican en el tiempo de Dios (Ap. 1:19); Dios es el mismo, su plan es desde el origen, mas las etapas de trato con el hombre son diferentes (He. 1:1-2), conocerlas es capital para no aplicar enseñanzas que no corresponden a la dispensación en que vivimos (1 Ts. 5:1, Hch. 3:21).
La doctrina «leche» del Juicio Eterno, es la base para comprender cómo la historia del hombre, en sus diferentes tratos con
Dios, está dividida en 4 teocracias que abarcan a su vez siete pactos. Muchas cosas cambiaron en cada dispensación, conocer
las diferencias y su significado es necesario para no incurrir en errores doctrinales importantes o herejías. Por ejemplo, hay
diferencias entre el sacerdocio de la iglesia y el sacerdocio Levítico; en nuestra era la Salvación es por gracia, y en la
dispensación anterior era por las obras de la ley; en esta era no es necesaria la circuncisión, mientras que en la anterior sí;
guardar el sábado fue requisito de la ley, mas para la iglesia lo es el día de la resurrección de Cristo; ahora el Espíritu Santo
puede ser derramado sobre todos los creyentes, antes era sólo privilegio de los sacerdotes, profetas y reyes, etc.
ESQUEMA 2: SIETE VERDADES CLAVE, “CARNE” O DOCTRINA SÓLIDA.
En una manera panorámica, hemos bosquejado las siete doctrinas elementales que todo cristiano debe conocer para crecer en salud, dejar de ser un niño fluctuante y asimilar las verdades más profundas de la Escritura; sabemos bien que Dios se propuso que la iglesia alcance la estatura del varón perfecto, la medida de la edad de la plenitud de Cristo (Ef. 4:11-15).
Las doctrinas sólidas son verdaderas llaves que abren las puertas de la revelación divina, que están estructuradas en forma perfecta y que al conocerlas, se podrá saber que tema trata cualquier pasaje de la Biblia que se lea; porque no serán verdades sueltas o aisladas, sino verdades perfectamente hilvanadas. El siguiente esquema nos permite visualizar en forma ordenada la relación de las doctrinas básicas con las Verdades Clave y cómo es que nos relacionan con la voluntad de Dios, agradable y perfecta; además es posible enriquecer este conocimiento, si además las relacionamos con las siete relaciones básicas que todo cristiano debe establecer correctamente en su desarrollo cristiano para entrar en la predestinación o voluntad específica de Dios para él.
ESQUEMA 3: RELACIÓN DE LAS DOCTRINAS “LECHE” Y LAS VERDADES CLAVE.
VERDADES DISPENSACIONALES NOS MUESTRAN LA SUPREMACÍA O PREEMINENCIA DE LA VOLUNTAD DE DIOS