TESTIMONIOS

Dios sí provee

Quiero alabar a Dios por su fidelidad, pues en verdad tuve tal apretura económica que la angustia llenó mi corazón. Hace tiempo perdí mi trabajo, con la liquidación vivimos algún tiempo, yo busqué trabajo pero no lo encontré, así que me empecé a atrasar en el pago de las mensualidades del auto que habíamos comprado. Alguien me ofreció comprar una máquina para hacer tortillas en mensualidades y pensé que era la opción para salir de mis apuros y acepté el compromiso sin orar. Las cosas no funcionaron como yo esperaba. Cerca de casa había otra tortillería y mis ventas no nos sacaban de apuros, así que nos empezamos a atrazar con los pagos de la máquina. Empezamos a faltar los domingos a la iglesia para abrir la tortillería y tratar de obtener más recursos, pero no funcionó. Hicimos promociones para ganar clientes, pero las cosas iban tan mal que decidimos pedir prestado a una persona que se decica a eso y dejamos las escrituras de la casa en garantía. , con el dinero del préstamo nos pusimos al corriente de los pagos del coche y de la máquina, pero pronto se repitió el ciclo. Las tres deudas nos empezaron a agobiar, los meses corrían y no veíamos la salida, los interes del préstamo nos comían al grado que pensamos que perderíamos la casa, el coche, el negocio y la paz que ya se había ausentado de nuestras vidas tiempo atrás. En una situación tan desesperada, decidimos, mi esposa y yo, acudir a pedir consejo a nuestro pastor. Ya teníamos como un año de no asistir a la iglesia y nos daba pena, pero necesitábamos la ayuda de Dios.

El pastor nos escuchó, nos reconvino por no buscar a Dios antes, oró por nosotros y nos llevó a pedir perdón a Dios por no tomarle en cuenta y descuidar nuestra vida espiritual. Luego nos dio el consejo más inesperado que hubiéramos podido imaginar. Nos preguntó que si teníamos para comer ese día. Le dijimos que sí, Entonces nos dijo que no lo hiciéramos sin antes buscar a algún indigente con quien compartiéramos nuestra mesa, que diéramos gracias a Dios y que esperáramos con expectación la intervensión divina. Obedecimos y al día siguiente, llegó a la tortillería un vecino que me dijo que le gustaba mucho mi coche y que si se lo vendía. Le expliqué que estaba atrasado en mis pagos y que aún debía varias mensualidades. Él traía un Dansun viejo y destartalado, le traspacé el carro y me quedó un buen dinero y la carcacha del vecino. De inmediato fui a rescatar las escrituras de la casa y aún pude negociar lo de la tortilladora. En una semana el panorama era distinto. Habíamos recuperado nuestra paz y sentíamos la presencia de Dios. El domingo le testifiqué al pastor y le pregunté porqué me había dado ese consejo. Él me dijo: La clave de la bendición de Dios es compartir lo que tenemos, la viuda de Sarepta le dio al profeta Elías una torta de su último puñado de harina y pudo vivir un año sin escasez, hasta que volvió a llover sobre la tierra. Al compartir tu mesa con alguien más necesitado que tú, abriste la válvula de la bendición, pues sólo si das es que el agua moja el cause por donde pasa. Ahora que aprendí la lección, deseo que Dios sea glorificado y que otros en problemas económicos puedan abrir la válvula en fe, para que puedan ver que los principios de Dios sí funcionan. ¡Aleluya!

Fernando.







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