TESTIMONIOS

Dios es fiel en sanar

Quiero agradecer a mi Dios por su cuidado y protección, así como la sanidad que pude experimentar en días pasados. Cuando subía por una escalera de mano, esta se resbaló y caí al piso de 2 metros de altura. Al momento me vino un dolor de cintura muy fuerte y escuché una voz que me dijo: ¡Ya no vas a caminar! Reprendí esa voz y me levanté dando gracias a Dios, pero cuando quise alzar mis manos, un fuerte dolor en el hombro derecho me impidió hacerlo. Era sábado y el domingo le tocaba dirigir la alabanza a mi esposo, así que me moví en fe y fuimos a la iglesia, aunque mi dolor arreció. Después del culto, varios hermanos oraron por mí y el Señor me fortaleció. Varios me decían que me atendiera, un hermano me sugirió que me sacara una radiografía, pero como no tenemos ningún servicio médico. Por la tarde fuimos a un hospital del gobierno pero no me atendieron y regresamos a la iglesia. El lunes fuimos a dos hospitales más, pero no me quisieron atender. El martes fuimos a otro donde me sacaron una radiografía. Yo decía al Señor: Soy tu hija, por favor que me atiendan. La placa mostró que mi hombro estaba dislocado pero no se apreciaba fractura. Fuimos a un huesero para que me lo acomodara y no pudo y dijo que sí tenía una fractura. Fuimos a otros lugares donde también afirmaron que mi hueso estaba fracturado. Yo dije a mi Dios: tu guardas mis huesos, ninguno de ellos será quebrantado. El siguiente domingo me acerqué al pastor y pedí su consejo y pude oír la voz de Dios, oró por mí y ya no me atendí, pues decidí esperar en el Señor, pese al dolor tan fuerte que tenía. Dios estaba ensanchando mi alma. Por momentos mi alma se debilitaba y mi fe flaqueaba, pero en la predicación Dios me hablaba y me afirmaba. Mi esposo también me animaba. Agradezco a Dios su fidelidad, pues llegó un culto en el que durante la adoración en el Espíritu, sin darme cuenta alcé mis dos brazos y oí una voz que me dijo: ¡Vé tu mano! Abrí mis ojos y me percaté que tenía mis manos alzadas y no había dolor. ¡Dios me había sanado en ese momento! Hasta el día de hoy estoy sana para la gloria de mi Dios. Poco después me torcí un tobillo que se me hinchó y se me puso morado, pero ahora yo me afirmé y confié plenamente en mi Señor y en un sólo día despareció el dolor y la hichazón. Al otro día me encontraba perfectamente bien. ¡Muchas gracias a mi Dios!

Rosalba Medina de Orozco. 








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